Posts con el tag ‘Problemas complejos’

¿Qué significa hoy resolver un problema? (2)

Cerrábamos la primera parte del artículo diciendo que a menudo atendemos los problemas pero no el sistema en que están inscritos. Y con una mentalidad mecanicista, damos por hecho que, si los planteamos bien y usamos los instrumentos adecuados, la solución estará garantizada.

Y el caso es que hoy nos enfrentamos con problemas cuya solución depende de quién y cómo participa, tanto en su definición como en su enfoque o en el proceso de resolverlos. Problemas que, por eso mismo, tienen o pueden tener varias soluciones plausibles y no totalmente satisfactorias si solo se tiene en cuenta uno de los distintos parámetros o actores involucrados.

(cc) Marco Bellucci

Porque solo con los datos no definiremos ni resolveremos bien los grandes problemas. Sin informaciones adecuadas, tampoco. Porque en la definición y en la solución de los problemas que deberemos afrontar en los próximos años serán tan relevantes los datos como los valores en los que los inscribiremos, el sentido que querremos conferirles, el propósito que nos orientará o el horizonte hacia el cual nos proyectará. Hoy, los problemas requieren una combinación de cálculos y razones, y calcular sin razonar o razonar sin calcular es llevar las cosas por el mal camino y la mejor garantía de entrar en un círculo de salida más que dudosa. Lo que nos lleva al último punto: creer que resolver un problema es ponerle fin. Esto no tiene nada que ver con la sensación que tenemos a veces –con razón, debemos añadir– de que los problemas se eternizan, porque es exactamente lo contrario: se eternizan porque solo los consideramos resueltos si desaparecen. La tentación de cortar el nudo gordiano, de hacer simple lo que es complejo, nos abocará a la catástrofe. Algunos problemas no son meras piezas separadas e inconexas que vamos dejando atrás, sino componentes de procesos vitales en los que estamos involucrados los humanos, tanto individualmente como colectivamente. Los problemas a los que nos deberemos enfrentar sucederán en un contexto y en el seno de un sistema, y conectarán con dimensiones, parámetros y retos humanos estructurales y estructuradores. Abstraerlos del contexto y del sistema en que se producen es la mejor forma de confundir ser un experto con ser un tragavirotes y de ir directos al desastre. Olvidar que en estos problemas complejos existen componentes que conectan con ciertas cuestiones antropológicas nos impide entender que también estamos hablando de procesos persistentes, propios de la condición humana. Habrá problemas con los que deberemos aprender a convivir, porque, en último término, lo que pondrán de relieve es que estaremos aprendiendo a ser más humanos, cosa que no simplemente consiste en quitarnos problemas de encima.

A diferencia de lo que aprendimos en el colegio, los problemas prácticos que tenemos delante son también problemas de conciencia, de lucidez mental, de sentido. Einstein dijo que ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que ha sido creado. Beck ya avisó del riesgo de vivir atrapados por conceptos zombis que solo (per)viven en nuestra cabeza y manteniéndonos prisioneros de un bucle mental que es pura repetición mecánica de mentalidades del pasado. Pero seguimos empeñados en reproducir formas de pensar y de proceder propias de una época que ya no existe simplemente porque en otros tiempos fueron útiles para resolver los problemas a las personas que les tocó vivirlos. ¿Y si consideráramos la posibilidad de que tenemos un problema previo a los problemas? Un problema que es nuestro: de conciencia, mentalidad y actitudes.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano

(Artículo publicado en El Punt/Avui, 24 de febrero de 2012)

Concepciones del liderazgo, La acción reflexiva del liderazgo, Liderazgo adaptativo | , Deja un comentario Permalink

¿Qué significa hoy resolver un problema? (1)

¿Qué problema tenemos hoy con los problemas? Pues que, ante los problemas de cualquier tipo que se nos van multiplicando vertiginosamente, lo que queremos es… solucionar-los. Pues claro, ¿qué, si no?, diréis. La cuestión conecta con uno de los sutiles aprendizajes que arrastramos desde nuestros tiempos escolares. ¿Cuál es este aprendizaje? La creencia de que ante un problema lo que hay que hacer es darle solución. ¿Cómo obteníamos buenas notas en la escuela y felicitaciones en casa? Pues resolviendo un problema o cuando, utilizando un lenguaje nada inocente, “encontrábamos” la solución o la “adivinábamos”.

¿Cuáles son los supuestos de este planteamiento? Primero, que la definición del problema no depende de nosotros, sino que nos viene dada. Segundo, que el problema tiene una solución, y, sobre todo, que esta solución ya la sabe o la puede saber alguien con autoridad o conocimientos suficientes sobre la materia. Tercero, que los problemas pueden ser simples o complejos, fáciles o difíciles, pero que lo que es relevante para poder resolverlos es disponer previamente de todos los datos necesarios. Y, cuarto, que encontrar la solución es eliminar el problema.

(cc) Dylan231

¿Qué nos pasa actualmente con los problemas? Que ya no podemos hacerles frente desde estos supuestos. Hoy en día, algunos de los desafíos más importantes que tenemos no se encuentran en la solución de los problemas, sino más bien en su definición. Antes de hallar una buena respuesta tenemos que hacernos una buena pregunta. Por eso a menudo es un error o una pérdida de tiempo precipitarnos a resolverlos, cuando no hemos aclarado de qué se trata exactamente o en qué marco los situamos. Puede haber hechos que nos planteen problemas (la escasez de petróleo o de agua potable, el aumento de la inmigración o del precio de los alimentos, el calentamiento del planeta, etc.), pero estos hechos no siempre son propiamente el problema, y por este motivo, a menudo, limitarnos a dar una respuesta reactiva a hechos que se nos plantean no resuelve casi nada: como mucho pospone su eterno retorno. Lo primero que deberíamos hacer, pues, ante un problema es dejar a un lado esa actitud obediente y sumisa que hace que nos creamos que ya está definido y que lo ha hecho otro, sea persona, institución o abstracción (como, por ejemplo, los mercados o el sistema). Pongamos un ejemplo. ¿El problema actual de la UE es de orden económico, financiero, fiscal, empresarial, legal, ideológico, político, geopolítico, ético, social, cultural u organizativo? Si los problemas los define otro y nos convertimos simplemente en sus receptores, entonces ya jugaremos todo el partido en campo contrario. Debemos empezar a asumir que tenemos que convertirnos en corresponsables en la definición de los problemas que queremos afrontar.

Y esto nos lleva a la segunda cuestión. Si de algo podemos estar seguros es que cualquier problema complejo tiene una solución rápida, sencilla, efectiva… y equivocada. Entre otras cosas, porque damos por supuesto que esta solución mágica existe, y esperamos que alguien la tenga. Es más: creemos —necesitamos creer— que alguien la tiene o la debe tener. Por esta razón, la primera reacción ante un problema no resuelto es buscar culpables, lo que garantiza la descarga emocional pero que no suele arreglar nada. Además, como en aquellos exámenes del colegio en que nos planteaban varios problemas (uno tras otro), seguimos creyendo que cada problema que tenemos está separado del resto y se resuelve bien o mal independientemente de cómo resolvemos los demás.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano

(Artículo publicado en El Punt/Avui, 13 de enero de 2012)

Concepciones del liderazgo, La acción reflexiva del liderazgo, Liderazgo adaptativo | , Deja un comentario Permalink