Posts con el tag ‘Ética’

Follow the leader 2.0

¿Puede transferirse el debate sobre el liderazgo del mundo real al mundo virtual? ¿Qué significa liderar en un entorno digital? ¿Qué perfil tienen los líderes digitales? ¿Y qué lideran? ¿Qué justifica llamarles líderes? ¿Cómo se ganan la legitimidad? ¿Qué significa poder, en un entorno virtual? ¿Importa -y en qué medida- la relación que se establece con los seguidores? ¿Es una mera cuestión numérica de cuántos followers se tiene? ¿Se puede hablar de una ética del seguimiento, como en la vida real? ¿Cuáles son las intersecciones entre mundo offline y online? ¿Y cuáles son sus puertas de entrada y salida, que permiten a los líderes impulsar sus proyectos en una u otra dimensión?

Puede haber la tentación de reducir el debate sobre el liderazgo virtual a una cuestión de followers, de seguidores indexados. Sería un acto de reduccionismo clamoroso, equivalente a otro que se produce muchas veces en el mundo real: el de asimilar el liderazgo a una posición, a un puesto de mando y a la persona que lo ocupa.

Hacerlo conlleva centrarse en los rasgos y en las competencias del líder, que fácilmente se pueden confundir con las atribuciones que el puesto les asigna (sepan ejercerlas o no). Y hacerlo comporta hacer una equivalencia ex post -no siempre correcta- entre liderazgo y resultados.

Es decir, atribuir al líder el acierto -o desatino- de aquello que ha ocurrido, muchas veces sin tener en cuenta que existe algo llamado multicausalidad. Además, implica menospreciar a los seguidores y su papel determinante en los procesos de liderazgo; arrinconar la causa, el proyecto, los objetivos y los valores inherentes al mismo, e invisibilizar el debate sobre los medios utilizados en este proceso para llegar a determinados resultados.

En el mundo virtual, reducir la noción de liderazgo a una cuestión de followers implica empobrecer el debate de forma análoga. El número de seguidores nada dice de la calidad o del potencial del liderazgo. También en el mundo virtual, el liderazgo es un proceso que implica formular proyectos, detallar objetivos y proponer medios. Si se le añade la dimensión ética, el liderazgo también presupone explicitar los valores que se ponen en juego.

Tener miles de followers en Twitter no implica necesariamente ejercer liderazgo alguno. Pero tenerlos gracias a un proyecto que genera adhesiones -en el terreno práctico y en lo axiológico-, convierten al liderazgo digital en algo potencialmente disruptivo.

La persecución a la que son sometidos los rivales políticos en Rusia, por ejemplo -como el abogado y bloguero Alexéi Navalny-, sugiere que en algunos lares la política lo ha entendido perfectamente.

Pau Mas

(Artículo publicado en La Vanguardia, 12 de abril de 2014)

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Novedades editoriales

El Observatorio de los Valores, iniciativa conjunta de la Cátedra de Liderazgos de ESADE y la Fundació Lluís Carulla, ha publicado recientemente dos libros, que os presentamos a continuación:

Ciberètica. TIC i canvi de valors

En poco más de un decenio, internet se ha convertido en uno de los ejes centrales de nuestra vida laboral, social e incluso familiar. Sitios como Google, Wikipedia, YouTube, Facebook, Tuenti o Twitter y aparatos como los teléfonos inteligentes o las tabletas no solo han revolucionado nuestra manera de informarnos y de comunicarnos con los demás, sino que han hecho que nos planteemos nuevos dilemas éticos alrededor de cuestiones candentes como la privacidad, la propiedad intelectual o la protección de los menores. ¿Cómo afecta la red a nuestros valores? En el entorno virtual, ¿son válidos los mismos valores que aplicamos al mundo real? ¿Se están creando nuevos valores? ¿Hay valores en peligro de extinción?

Per una educació republicana. Escola i valors

Los alumnos catalanes obtienen unos resultados mucho más bajos de lo que podríamos aspirar como país. Aun así, si evaluáramos nuestro sistema educativo por sus pretensiones morales, probablemente ocuparía el primer puesto en el mundo. Nuestras escuelas se evalúan más según la nobleza de sus propósitos que según la realidad de sus resultados. Esto pone de relieve una gran confusión moral que no es, en absoluto, ajena a los resultados. Una de las manifestaciones de esta confusión es el olvido de la dimensión política y republicana de la escuela. Actualmente nuestra escuela se muestra más preocupada por preservar la salud anímica del yo de los alumnos que por formar a ciudadanos competentes, y parece que considere más noble fomentar la espontaneidad (supuestamente) inocente que la emulación de la virtud. Hay, pues, que recuperar la dimensión política de la pedagogía, sin la cual la escuela se desvirtúa a sí misma. No deja de ser sorprendente que en Cataluña (es decir, en el sí de una sociedad que quiere considerarse como una nación) el valor de la transmisión sea continuamente cuestionado.

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