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Liderazgo, con mayúsculas

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Depués de años estudiando el proceso transformador del liderazgo, ¿cuál es el toque de distinción de fenómeno tan escurridizo? ¿Dónde reside la magia de aquellas personas que son capaces de llegar a las mentes y a los corazones de los demás, influyendo positivamente sobre sus conductas y estados de ánimo? […]

Así empieza el artículo de Santiago Álvarez de Mon publicado en Expansión el 4 de junio de 2014, en que analiza las características de los grandes liderazgos, qué hace que un líder sea emblemático. Puedes consultar el artículo completo haciendo clic aquí.

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Discursos que han hecho historia: “Tengo un sueño”

Siguiendo con la serie de artículos publicados en la sección Discursos que han Hecho historia del diario Cinco Días, hoy os ofrecemos lo que Martin Luther King Jr.. pronunció el 28 de agosto de 1963: I have a dream.

Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el comentario de Ceferí Soler, profesor titular del Departamento de Dirección de Personas y Organización de ESADE.

I HAVE A DREAM

En ocasiones, hemos observado en artistas, pensadores y místicos que se encuentran en estados especiales de gran inspiración, como fue el día 28 de agosto de 1963, en Washington DC.

Estar en silencio, meditando las ideas del discurso de Martin Luther King Jr. “He tenido un sueño. No podemos volver atrás. Nuestra tarea es marchar hacia adelante” significa anticipar y compartir nuestras ideas, nuestra percepción del trabajo, de las empresas que nos puedan traer sus objetivos ilusionantes para interpretar que el Maestro ya ha cumplido su misión, ya dejó claro su mensaje de seguir nuestro corazón, nuestra intuición, de amar lo que hacemos como el mejor servicio a la sociedad. Ya se difundió por todo el mundo su testamento de fe en nosotros mismos y nuestro potencial de vivir cada día como si fuera único…

Agradecimiento, pues, a quien va y vuelve a través del sueño, y al retornar nos regala sus palabras mágicas con las que interpretamos sus valores de fe, de esperanza, compromiso y exigencia en su compasión por la humanidad sin diferencias entre razas.

En el silencio nuestras ideas se ordenan, aunque el exterior continúa desordenado. Las palabras se renuevan porque han sido limpiadas y en el silencio, es más fácil contactar con los demás, en los amaneceres que nos recargan nuestras baterías de energía vital para abrir las mentes cerradas.

La crisis es como una bendición porque aporta nuevas ideas de progreso. Nacen nuevas estrategias, con creatividad, para destruir las incompetencias de la especulación que representa la pereza mental. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida en la empresa es rutina, desmotivación, personas con máscaras que representan el papel que les han indicado. Ha desaparecido la espontaneidad, la autenticidad y la transparencia porque el problema no son las máscaras sino que detrás de ellas no se encuentra la persona real que estima su trabajo.

La persona auténtica es la persona que trabaja en su empresa, que debe planificar, organizar los recursos, controlar las operaciones y con el liderazgo inspirador conseguir sus objetivos. Liderar es influir de forma proactiva. Con espiritualidad, esperanza, fe y compasión de Martin Luther King, con creatividad sin máscara y pasión, como Steve Jobs, para construir espacios positivos, compartir ideas y conocimiento, crear directivos emprendedores entre los colaboradores que de forma anónima estamos sosteniendo nuestro país.

Para comprender la conexión entre el liderazgo eficiente con la visión espiritual debemos estudiar la inspiración del líder en el desarrollo de la visión. Es decir, sus competencias, sin limitaciones, en el desarrollo de su inspiración. Tiene la chispa de energía vital, la tenacidad y perseverancia para conseguir que su visión sea realizable. Es como una íntima convicción acompañada de sus creencias y valores sociales que guían sus decisiones.

Los líderes con visión, como Duran Farell, fundador de Gas Natural, entienden que su espiritualidad tiene que ver con su significado y el propósito de su misión. Este significado o propósito genera un sentido de pertenencia y una conciencia social que representa la mejor recompensa moral y cívica para sus colegas, directivos, jefes, supervisores y colaboradores o seguidores. Es el poder de transformar la energía positiva para estas personas. Martin Luther King, Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, impregnaron su vida de espiritualidad para servir a los demás con el compromiso de no violencia hasta el final de sus vidas.

El líder inspirando futuros puede ayudar a sus colaboradores en el compromiso vital para lograr sus objetivos y obtener el estado íntimo de máxima satisfacción, por el trabajo bien realizado, como nuestro legado de responsabilidad social sobre la dimensión trascendente de la experiencia humana.

Ceferí Soler

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 26 de agost de 2013)

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La trampa de la resignación

Útimament he podido asistir como invitado a diversos foros públicos formados por directivos de empresas y también por responsables de centros educativos, centros sanitarios y entidades del tercer sector. Siempre que puedo acepto con agrado estas invitaciones y tomo notas, sobre todo de los diálogos y las aportaciones de los asistentes. En mi caso, es una ocasión excepcional para aprender de los demás y para tomar el pulso de su estado de ánimo y del momento que viven sus organizaciones.

Los temas comunes sobre los que reflexionan actualmente estas entidades son la calidad y competencia de su liderazgo, la necesidad de renovar su compromiso institucional y, en algunos casos, la previsión de un relevo generacional que no suele ser fácil.

En el diálogo con los diversos participantes se ha ido repitiendo una misma cuestión que me ha inquietado sin saber inicialmente por qué, hasta que me he dado cuenta de que la razón era doble: primero, porque es transversal y generalizada en la mayoría de públicos y, segundo, porque sirve de coartada para justificar una inacción resignada o, si lo prefieren, una resignación que deriva en inactividad.

La cuestión es ésta: ¿cómo quieren que nos comprometamos y asumamos tareas de liderazgo si apenas podemos llegar a fin de mes y la crisis reduce de manera considerable nuestras oportunidades vitales? La pregunta, sin saber muy bien por qué, me ha ido resonando día tras día hasta que finalmente me activado un circuito neuronal que tenía dormido desde 2008. En efecto, durante un buen número de años correspondientes a la época loca de la construcción, la bolsa y las finanzas, muchos de los jóvenes que formaba en liderazgo acababan formulándome esta otra cuestión: ¿cómo quieren que nos comprometamos y asumamos tareas de liderazgo si lo tenemos todo sentenciado: autonomía, libertades, democracia, estado del bienestar pertenencia a la Unión Europea, prosperidad…? Rebelarnos, ¿contra qué ? ¿Qué trinchera, qué bandera hemos de defender? Protagonistas, ¿de qué? Responsabilizarnos, ¿de qué?

No puedo asegurar que ambas preguntas, la de antes de 2008 y la de ahora, las hayan formulado las mismas personas, pero en ambos casos la ausencia de compromiso y la imposibilidad del liderazgo se justifican por factores o razones de contexto, externos a la persona. Si el contexto es favorable, ¿por qué comprometerse? Y si el contexto es muy malo, ¿como nos hemos de comprometer con el chaparrón que nos está cayendo?

No creo que sean excusas de mal pagador, claro, porque la gente necesita un incentivo externo positivo, desafiante y potente que la movilice, y a menudo este incentivo, con el ruido de fondo y la intoxicación, no sabemos encontrarlo o nadie nos lo sabe transmitir. El compromiso y el liderazgo funcionan muchas veces por contagio, por un efecto llamada, cuando a nuestro alrededor hay gente con energía tractora, una fortaleza que empuja y aglutina la gente en un objetivo común. A menudo añoramos, buscamos y esperamos enchufar a esta fuente de energía que nos enrampa y nos arrastra.

Pero este tipo de inacción resignada creo que a veces también responde a una carencia interna nuestra, personal, derivada de la ausencia de autocentramiento (o conciencia plena) y de no trabajar lo suficiente los propósitos de nuestra acción profesional, comunitaria y social. El efecto llamada es externo y no siempre puede suplir la generación de una especie de fuego interior que nos conecte con nuestra vocación y nuestras competencias directivas, educativas, sanitarias o sociales. No son tiempos de resignación sino tiempo de transformación. Y, como decía el clásico, no hay error más grande que el de quien no hizo nada porque creía que sólo podía hacer algo.

Àngel Castiñeira

(Articulo publicado en el diario Ara,  10 de noviembre de 2013)

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Discursos que han hecho historia: “Ich bin ein Berliner”

Mañana viernes, 22 de noviembre de 2013, hará 50 años del asesinato de John F. Kennedy en Dallas (Texas). Su muerte violenta contribuyó a afianzar aún más la figura de un presidente convertido en mito ya durante su mandato.

Coincidiendo, pues, con el cincuenta aniversario de su muerte, la Cátedra os quiere ofrecer un artículo sobre uno de sus discursos más célebres, pronunciado en Berlín el 26 de junio de 1963: Ich bin ein Berliner. Este artículo se enmarca, una vez más, en la serie de textos que aparecieron en el diario Cinco Días durante los meses de julio y agosto de 2013 bajo el título de Discursos que han hecho historia.

Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el artículo de Pau Mas, coordinador de la Cátedra Liderazgos de ESADE.

Vuestro destino es el nuestro, juntos ganaremos
Ich bin ein Berliner ha pasado a la historia como uno de los mejores y más citados discursos de John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos entre los años 1961 y 1963, cuando su mandato se vio truncado por su violento asesinato. El discurso fue pronunciado el 26 de junio de 1963, casi dos años después de la construcción del muro de Berlín, la expresión más vívida y trágica de la Guerra Fría. Éste dividiría la antigua capital alemana en dos partes durante casi 30 años y convertiría la parte occidental en un enclave de la República Federal Alemana en plena Deutsche Demokratische Republik (RDA en su acrónimo castellano), bajo dominio soviético desde la victoria aliada.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial la unidad de las Fuerzas Aliadas rápidamente se desvaneció. Derrotados Hitler y el fascismo, la pugna entre capitalismo y comunismo recrudeció la lucha por el control geopolítico de Mitteleuropa, del que dependía la hegemonía y la supervivencia de ambos bloques. Nacía el Eisener Vorhang, el famoso Telón de Acero, frontera política, ideológica y física entre Europa Occidental y el bloque comunista, que reproduciría la Guerra Fría a escala meso (Alemania) y micro (Berlín). En Alemania, en Berlín, se jugaba una partida de alcance internacional, que puso a prueba la resistencia de EEUU en múltiples ocasiones. El bloqueo de Berlín (1948/49), el cierre de las fronteras entre las dos Alemanias decretado por la RDA (1952) o la construcción del muro (1961) son solo tres de los muchos momentos que exigieron compromiso, lealtad… y soluciones prácticas por parte de EEUU.

En 1963 Kennedy visitó un Berlín ya dividido. Berlín –desanimado, angustiado, exhausto- profirió una cálida bienvenida a un presidente carismático, que generaba grandes expectativas en EEUU. Célebres son sus discursos sobre la Nueva Frontera (1960) o sobre el objetivo de hacer llegar el hombre a la luna (1961). El discurso pronunciado en Berlín no defraudó, sedujo al pueblo berlinés y catapultó su liderazgo del ámbito nacional a la esfera internacional. El mensaje era: ante un muro infranqueable, puentes; ante el bloqueo, compromiso; ante el sometimiento, resistencia; ante la opresión, libertad.

De su discurso tiene especial trascendencia la breve frase Ich bin ein Berliner, pronunciada así, en alemán. Una frase corta, aparentemente sencilla, sin trascendencia. Sin embargo, se trata de una frase magistral, por sus múltiples significados ocultos, por su alto voltaje emocional y por su indudable intencionalidad: supo identificar el estado de ánimo de los berlineses, angustiados ante el recrudecimiento de las relaciones entre occidente y el bloque comunista (os entiendo, por esto estoy aquí); supo establecer un vínculo emocional con los berlineses (soy uno de los vuestros); supo canalizar sus ansias de libertad, vinculando el futuro de los berlineses al destino de los Estados Unidos y del mundo libre (no estáis solos, yo os acompaño); supo alinear a los berlineses con los intereses americanos en una causa común: la lucha por la libertad, la lucha contra el comunismo (tenemos un sueño común); y por encima de todo, supo atribuir sentido y propósito histórico a sus dificultades, a sus penurias y a sus sacrificios (vuestro destino es el nuestro, juntos ganaremos). Y todo ello condensado en una única frase, pronunciada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. El mito estaba servido.

Pau Mas

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 29 de julio de 2013)

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