Posts con el tag ‘Concepciones del liderazgo’

Discursos que han hecho historia: “El arma de la no violencia”

En este post os ofrecemos una nueva publicación de la serie Discursos que han hecho historia, aparecida en Cinco Días durante los meses de julio y agosto de 2013. Este artículo analiza el discurso que Mahatma Gandhi pronunció el 8 de agosto de 1948: El arma de la no violencia (Quit India Speech)

Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el comentario de Àngel Castiñeira, director de la Cátedra de Liderazgos y profesor de ESADE.

LA ESTRATEGIA DEL LIDERAZGO NO VIOLENTO

El arma de la no violencia fue el discurso pronunciado por Gandhi el 7 de agosto de 1942 en el Congreso indio, en plena Segunda Guerra Mundial. Es un buen ejemplo del uso de la inteligencia contextual en el ejercicio del liderazgo y su lectura contribuye a rectificar la típica y errónea imagen visionaria del liderazgo de Gandhi. Este podía tener la cabeza en las nubes, pero los pies los tenía sin duda en el suelo.

Gandhi tenía presente, por un lado, la situación bélica mundial y los actores en juego, y era plenamente consciente de la delicadísima situación en la que se encontraba la parte británica. Contemplaba también, en segundo lugar, el contexto regional asiático en el que intervenían países como Rusia, China y sobre todo el belicoso Japón. Y, por último, mantenía su obsesión por la situación de su país, la India, cruzada en aquel año por dos lógicas conflictuales coetáneas, la interna (en la que luchaba desde hacía años por conseguir la independencia de su país) y la regional (en la que, con una clarividente visión histórica de las revoluciones, temía que, combatiendo y debilitando aún más a la Gran Bretaña, pudieran ser invadidos por Japón, pasando así del fuego a las brasas).

Gandhi era también consciente de que aquella era la mayor campaña de su vida, a la que había dedicado ya 22 años, y sabía también que la oportunidad que se le presentaba era única pero plagada de peligros. Asistía, pues, a la madre de todas las batallas. Cualquier movimiento en falso en la dirección de sus acciones podía ser fatal para su pueblo.

Con esta convicción, Gandhi se planteó dos únicos objetivos: la independencia de la India y el logro de la democracia como vía, esta última, de superación de la división religiosa entre hindúes y musulmanes que atravesaba a su país. Para conseguir estos objetivos, desarrolló una estrategia basada en dos elementos, provocar un cambio de mentalidad de su pueblo e impulsar a continuación su movilización total.

El primer factor era el más difícil ya que representaba un auténtico cambio de marco mental y axiológico basado en la vía de la no violencia como camino para superar el odio hacia los británicos. Gandhi pretendía desplazar esa energía negativa del pueblo indio contra los británicos para concentrarla en el rechazo al modelo imperialista de Gobierno. Su idea no era combatir personas sino ideologías esclavizadoras y modelos de dominio y sometimiento políticos. Ese cambio de marco mental lo asoció, por lo tanto, a un cambio de valores de la población: la firmeza, la valentía, la unidad. A sabiendas de que ese tipo de cambios eran lentos y costosos, mientras que el momento exigía aceleración, Gandhi evitó ganarse el nivel profundo de la convicción en sus seguidores. No les pidió un credo, sino el desarrollo de una estratagema militar (sí, ¡militar!), y para ello presentó la no violencia no como principio vital sino como un método útil. Su mensaje fue claro: lograremos nuestra libertad luchando unidos y eso no incluye el odio, sino el sacrificio y la fortaleza colectivos. La filosofía de fondo del mensaje de Gandhi era bien clara, el principio de la lucha y la auténtica ventaja del luchador residen en la propia fortaleza interna. Solo cuando el adversario descubre en su oponente esa determinación de ir hasta el final es cuando puede reconocer su victoria. Gandhi estaba emulando a Churchill en su particular combate contra Hitler.

El segundo motor del cambio, derivado del primero, fue la movilización de los seguidores. El liderazgo para ser efectivo, tiene que servir para remover conciencias pero también para remover cuerpos. La lectura del momento llevó a Gandhi a la exhortación de no quedarse quietos. Su estrategia, aunque parezca lo contrario, era militar. Supo conectar la guerra del mundo libre contra Alemania y Japón con la guerra por la libertad del pueblo indio. Y lo consiguió.

Àngel Castiñeira

(Articulo publicado en el diario Cinco Días, 8 de julio de 2013)

 

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VII Jornada de reflexión y debate en Sant Benet (16)

Como cada semana, os ofrecemos un nuevo video de la VII Jornada de reflexión y debate en Sant Benet. En esta ocasión se trata de la conferencia de José Antonio Marina, filósofo y pensador comprometido con la educación. Una vez más, podéis seguir el vídeo de esta participación en ESADE.tv o en la propia web de la Catedra.

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Valores en una sociedad pluralista

Hoy en día, si no hablas a menudo de valores (y, sobre todo, de su crisis) no eres nadie. Sería conveniente empezar a reconocer que es imposible hablar de valores hablando sólo de valores, o mirando definiciones en el diccionario. Los valores remiten a formas de vida: sólo entenderemos los valores atendiendo a las formas de vida que amparan, y no a qué dice el diccionario. Sólo así podremos decir que los valores enmarcan, orientan y potencian nuestra propia vida.

cc IGNOT

Vivimos en un contexto de cambio, innovación, movilidad e interdependencia. Nuestras coordenadas se han vuelto blandas como los relojes de Dalí. Nuestro tiempo ha dejado de ser analógico y ha pasado a ser digital. Nuestra atención se ha dispersado en varias pantallas a la vez. Y, claro, al final ya no sabemos dónde estamos. Transmitir valores es transmitir formas de vida (maneras de hacer, maneras de sentir y de interpretar, maneras de ver y de vivir). Pero que los valores sitúen y orienten no quiere decir que nos tengamos que dedicar a enunciarlos y repetirlos. Lo que nos permitirá situarnos y orientarnos en el mundo creíblemente es nuestra calidad personal, que es la que acoge y engendra valores. Por ello, formar en valores hoy significa favorecer una experiencia de crecimiento personal en calidad humana.

Antes, nuestro compromiso y nuestra responsabilidad consistían en la aceptación o el rechazo de un paquete normativo que la sociedad y sus instituciones nos presentaban en nombre de unos valores, que nos daban identidad. Hoy nuestro compromiso y responsabilidad consisten en ir recreando y discerniendo formas de vida desde nuestra libertad responsable, desde la cual nos identificamos y con la que identificamos nuestros valores de referencia. Por ello, en el contexto actual, la pregunta clave no es qué valores se deben transmitir, sino cómo se aprenden los valores. Debemos pasar de centrarnos sólo en la transferencia de contenidos a la generación de procesos de crecimiento y maduración. Y estos procesos no pueden ser sólo de socialización, sino que deben ser también de personalización.

Más que crisis de valores, pues, lo que hay es una pluralización de los valores, que ya no se sostienen en la fuerza, el poder, la autoridad, la jerarquía o la tradición. Esta pluralización es lo que es vivido subjetivamente como crisis, sobre todo por parte de quienes identifican los valores con un paquete normativo rígido y cerrado. Un cierto pluralismo ha pasado a ser el marco de referencia de la configuración de los valores personales y sociales en nuestras democracias avanzadas. Pero el pluralismo no consiste en la mera coexistencia de personas que viven y ven la vida de diferentes maneras, sino que –para bien o para mal– es un hecho que se ha convertido en valor y en un valor supremo: el valor que ordena la diversidad de valores. El valor del pluralismo (y otros valores procedimentales) es el valor que podemos compartir cuando reconocemos que no compartimos o no estamos obligados a compartir todos los valores sustantivos.

Como hemos mostrado en el libro Valores blandos en tiempos duros, el pluralismo es un factor que favorece el proceso de individualización, porque por sí mismo cuestiona la absolutización de la validez de cualquier patrón de vida normativo. Pero no necesariamente favorece un proceso de personalización. Por eso el pluralismo pone también a prueba nuestra autenticidad, porque nos interpela a ser coherentes con los valores elegidos y con el estilo de vida que deriva de ellos. Pone a prueba la calidad de los valores elegidos y la calidad de los sujetos que los formulan. Es decir, pone a prueba la calidad de nuestro proyecto de vida.

Evidentemente, podemos evitar hacer frente al reto del pluralismo en los valores por medio de sucedáneos. Mencionamos tres. El pragmatismo de ir tirando, el cinismo de quien circula a toda velocidad del pluralismo al todo vale, o el fundamentalismo de quien en lugar de encontrar su lugar en el mundo querría que todo el mundo fuera como su lugar. ¿Qué querrá decir, pues, ser una persona moralmente educada en una sociedad pluralista? Como mínimo se debe tener en cuenta la integración vivida entre la formación de la personalidad; la capacidad de aprender, socializarse y de relacionarse; el desarrollo de la sensibilidad la capacidad de comprender la existencia; la apertura a la dimensión reflexiva y contemplativa y la  disponibilidad al silencioy el arraigo interior.

Y aquí “tener en cuenta” significa trabajar y desarrollar estos ámbitos vitales. Después de todo, lo que concreta cuál es nuestro lugar en el mundo es nuestro proyecto de vida, que es lo que da sentido y contenido a los valores  que proclamamos. Porque vivir no es navegar mentalmente entre posibilidades ni deleitarse en el disfrute emocional, sino arriesgarse a dar forma a alguna posibilidad. Tal vez incierta, aunque sea por el simple hecho de que podría haber otras. Pero alguna debe haber, si no queremos pasar por la vida sin que la vida pase por nosotros.  Y hay que decir que lo que define y da calidad a un proyecto son los valores que asumimos como propios y con los que nos identificamos. Un proyecto es más –¡mucho más!– que tener objetivos y estrategias.

Un proyecto da respuesta, simultáneamente, a dos preguntas: ¿en qué mundo quiero vivir? y ¿cómo quiero vivir en el mundo? Una respuesta que debe ser necesariamente personal, pero que sólo se puede construir en diálogo con los demás y mediante compromisos compartidos.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano

(Articulo publicado en La Vanguardia, 4 de enero de 2013)

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El poliedro del liderazgo

El próximo lunes 10 de diciembre de 2012, a las 19 h, la Cátedra LiderazgoS y Gobernanza Democrática de ESADE organizará una mesa redonda sobre LIDERAZGO Y VALORES con motivo de la publicación del libro El poliedre del lideratge (Editorial Barcino) y su traducción al castellano, El poliedro del Liderazgo (Editorial Libros de Cabecera), escrito por Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano.

Aparte de los autores del libro, también participarán en el acto: Artur Carulla, Rafael Nadal, Irene Rigau, Joan Rigol y Mònica Terribas.

Introducirán el acto la directora general de ESADE, Eugenia Bieto, junto con Carles Duarte (Fundación Luis Carulla) y Paco López (Libros de Cabecera).

El acto se celebrará en el Auditorio de ESADEFORUM del edificio 1 del Campus Barcelona-Pedralbes de ESADE (Av. de Pedralbes, 60-62), y comenzará puntualmente a las 19 h.

Para confirmar la asistencia, es necesario enviar un mensaje a catlideratges@esade.edu.

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