Archivo del Junio, 2016

Tres tensiones morales globales

Las aspiraciones humanas son imprescindibles: mueven el mundo. Pero su formulación no las hace automáticamente factibles. El mundo del deseo choca con el mundo de la realidad, la que impone límites. Hace falta, ciertamente, un discernimiento honesto de estos límites, y no usar nunca este argumento de los límites para defender disimuladamente intereses inconfesables. Pero los límites están, y si no se tienen en cuenta pueden acabar dañando las mismas aspiraciones. Por eso el compromiso ético, social y político no debe provenir del deseo, sino de la voluntad, una voluntad empujada por el deseo pero confrontada con los límites de la realidad y buena conocedora de estos límites. El aliado del comprometido, para la transformación de la realidad, es la voluntad. En el otro extremo, el aliado del bobo es el deseo, el pensamiento mágico que presupone que -como con la lámpara de Aladín- todo lo que deseamos se alcanzará de manera inmediata.

Valga esta consideración como introducción en el Anuario de los valores 2015 (Fundación Carulla-Esade) que pronto aparecerá publicado. El Anuario de los valores de este año enfoca su reflexión de fondo sobre tres grandes temas de impacto internacional: la crisis humanitaria derivada del éxodo de los refugiados procedentes de Oriente Próximo; el impacto y las consecuencias de los atentados terroristas provocados por diversos grupos vinculados al Estado Islámico, y el conflicto político y económico entre Grecia y la troika formada por la Comisión Europea, el FMI y el BCE. Este conflicto deriva de la crisis de la deuda soberana de este país y las condiciones del plan de rescate financiero impuestas por esta troika, que colisionaban gravemente con la misma voluntad democrática de los griegos expresada en un referéndum.

Son tres temáticas muy diferentes y a la vez muy significativas desde la óptica de los valores. La capacidad de comprensión y de solidaridad, el deber de asilo humanitario, de hospitalidad, y la voluntad de integración social son puestas a prueba hasta el extremo por la avalancha de refugiados que han intentado entrar en Europa provenientes del Próximo Oriente. Las reticencias de acogida y las tentaciones de rechazo, de negar el asilo, de xenofobia han sido, son y serán fuertes. Aquí encontramos un reto axiológico de primera magnitud.

Fuente: Wikimedia Commons

Por otra parte, la serenidad, la capacidad de resistencia, la voluntad de iniciativa honesta para mejorar realmente las cosas, la prudencia a la hora de evitar las sobrerreacciones interesadas y oportunistas son valores que deben estar en primer plano a la hora de enfrentarse al fenómeno del terrorismo “yihadista”.

Por último, la coherencia democrática, el respeto a la voluntad popular y la preeminencia del bienestar de las personas sobre los intereses económico-financieros son valores puestos sobre la mesa por las negociaciones vividas en 2015 entre el estado griego y los organismos internacionales, con la Unión Europea en un lugar preeminente. ¿Hay espacio para la soberanía nacional en un mundo tan interdependiente económicamente, o los gobiernos y los ciudadanos deben dar primacía a las imposiciones / condiciones de sus acreedores financieros mundiales?

Hay un elemento en común en estas tres problemáticas. Lo que comparten es la referencia que hacíamos a los límites de las aspiraciones. Los valores son hechos reales, operativos, pero tienen siempre, consustancialmente, una notable vocación aspiracional, de horizonte, de guía hacia dónde ir. No toda aspiración es un valor, pero todo valor tiene una dimensión aspiracional. Y toda aspiración debe enfrentarse a sus límites. No todo lo que deseamos es posible. No todo lo que nos gustaría es factible en su totalidad y de manera inmediata. Hay que saber negociar con la realidad, y eso no es sencillo, ya que lo que nos sale del corazón espontáneamente es la máxima aspiración, el ideal, la plenitud. Pero negociar con la realidad tampoco quiere decir aceptación pasiva, resignación o impotencia. Ni limitarse a la indignación o la resistencia. Hay que visualizar bien la distancia existente entre lo ideal y lo real; hay que saber temporalizar y priorizar las aspiraciones; hay que analizar a fondo la misma noción, naturaleza y dimensión del límite, y hay que discernir bien la diferencia entre deseo (o apetencia circunstancial) y aspiración vital y moral. La tarea valorativa, que contribuye a hacernos mejores, no es una tarea de ilusos, sino de comprometidos, de gente consciente de las posibilidades de la realidad, que con su acción consiguen a menudo modificarla o reducir los límites.

El Anuario de los valores 2015 se plantea estos interrogantes. ¿Cuáles son los límites (materiales y morales) de nuestra capacidad de hospitalidad colectiva? ¿Cuáles son los límites entre libertades y seguridad a la hora de afrontar el terrorismo? ¿Y cuáles son los límites de las soberanías nacionales y de las voluntades democráticas en un mundo hiperglobalizado dirigido por los mercados de capitales y las multinacionales? ¿Quién establece o impone los límites (o los recortes) en el estado del bienestar y cómo?

Estas grandes problemáticas no han empezado en Cataluña, ni se limitan en su resolución a nuestro ámbito de actuación. Pero nuestra manera de estar en el mundo y de contribuir a su mejora pasa también por acoger entre nosotros aquellos grandes debates a los que no podemos ser ajenos, ni por nuestra condición de catalanes y europeos, ni por nuestra -aunque pequeña- presencia mundial. Requieren nuevas respuestas de naturaleza jurídica y política, pero también de orden ético y valorativo. El cuestionamiento de los valores de la hospitalidad, la seguridad o la independencia nacional no tienen un orden de afectación local, sino global. Pero eso no nos impide como catalanes articular un intento de respuesta propia óptima, al tiempo ética y eficaz, que pueda contribuir a la gestión de su mejora. La lista de grandes problemas de naturaleza valorativa que nos ha dejado el año 2015 es abrumadora, pero su comprensión y resolución continúa, como siempre, dependiendo de nosotros.

Àngel Castiñeira y Raimon Ribera

(Artículo publicado en el diario ARA, 30 de mayo de 2016)

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