Presidente, no líder (por ahora)

La designación repentina de Puigdemont como candidato a la presidencia de la Generalitat (ni prevista ni deseada inicialmente por CDC) impidió cualquier proceso participativo interno o abierto de deliberación, propuesta y elección de nuevos candidatos, por lo que esta decisión recayó exclusivamente en Artur Mas. En un tiempo récord de cuarenta y cinco minutos, Puigdemont tuvo que asumir la propuesta de Mas, valorarla y responder. La decisión, justificada después por Puigdemont, le obligaba a salir de la zona de confort, dejar la alcaldía de Girona y asumir, desde el deber moral, un sacrificio semejante al que representaba la renuncia de Mas. La excepcionalidad de la situación le representaba tener que abandonar un compromiso (con Girona) y asumir uno nuevo, ahora con todo el país. Un compromiso, el de la aplicación de la declaración del inicio del proceso, en el que prometía dejarse la piel.

Aceptar la propuesta significaba también, por lo menos, asumir la complejidad de las funciones representativas, gubernativas y ejecutivas vinculadas al cargo de presidente, interiorizar la organización institucional de la Generalitat y su coordinación, dirigir el equipo de gobierno (en este caso, elegido y pactado previamente y en buena medida sin su intervención) y fijar el proyecto y la hoja de ruta de su actuación. Había que añadir, además, la tarea excepcional de codirigir el proceso.

En estas circunstancias, y dado el poco tiempo que lleva en el cargo, la cuestión que quiero plantear no es cómo es el liderazgo de Carles Puigdemont, sino si en las condiciones antes expuestas el nuevo presidente de la Generalitat tendrá margen real para poderlo desempeñar. Analicemos, primero, los aspectos ligados a la trayectoria anterior de Carles Puigdemont que favorecen a mi juicio su capacidad real de ejercer el liderazgo. El presidente domina bastante bien el mundo de la comunicación y de las redes, sabe conectarse (tenía cuentas en Twitter y Instagram y gestionaba un blog personal), puede pensar plenamente en clave digital y no analógica, entiende la lógica informativa y relacional de los periodistas, tiene plena credibilidad en el mundo soberanista y conoce y practica las habilidades del militante comprometido. Por razones personales y familiares no es ajeno al mundo de la pequeña empresa, conoce bien el mundo local y es sensible a sus reclamaciones y necesidades, y tiene experiencia de gestión y de gobierno.

Con este bagaje favorable, qué es lo que puede dificultar y mucho la posibilidad del nuevo liderazgo de Puigdemont?

Carles Puigdemont, Presidente de la Generalitat de Cataluña. Fuente: Wikipedia.

Las razones son de orden diverso. Pesa, en primer lugar, la manera de llegar a la presidencia. No era el candidato de Juntos por el Sí; ni había obtenido directamente los votos de la ciudadanía. Reunía méritos y disponibilidad, pero seguramente no más que otros posibles nombres alternativos. Por tanto, el día de su investidura Puigdemont lograba la potestas (la facultad legal de ejercer el poder), pero no tenía aún la auctoritas (es decir, la legitimación socialmente ganada y reconocida que añade un fuerte valor de índole moral a quien ejerce el poder y que es una condición indispensable del liderazgo).

Añadimos, además, que en la política la auctoritas se proyecta hacia fuera (ciudadanía) pero también hacia dentro (partido) y aquí, como es sabido, Artur Mas puede condicionar y limitar involuntariamente el hipotético liderazgo de Puigdemont. Y esto por dos razones conocidas. La primera es que Mas ya ha declarado que destinará todos sus esfuerzos personales a rehacer lo que significa CDC y todo lo que representa. Y, segundo, porque Mas también ha hecho notar que tras el acuerdo con la CUP quedaba absolutamente libre del compromiso que había hecho público de no volverse a presentar como presidente si se le dejaba terminar el proyecto político catalán.

Estos condicionantes van acompañados de otros relacionados con la composición del Gobierno que también pueden dificultar el liderazgo de Puigdemont. Mas presidió gobiernos bipartidistas de una única candidatura repetida a lo largo de los años (CiU), con la presencia de algún independiente. Puigdemont, en cambio, preside un gobierno de coalición con partidos que antes y después se han presentado como rivales por separado. De hecho, Juntos por el Sí fue una candidatura de carácter transversal formada excepcionalmente por CDC y ERC que también contaba con la participación de otros partidos. Esta transversalidad es bien patente en la composición del actual Gobierno, formado por consejeros de CDC, ERC y dos independientes. Como pudimos comprobar en los gobiernos tripartitos de la época de Maragall y Montilla, el liderazgo en los gobiernos de coalición es complicado, ya que todos los partidos representados quieren tener protagonismo y repercusión pública. El pacto, el acuerdo y el diálogo político se convierten muy relevantes, pero hacen más lentas las decisiones y su ejecución más inestable porque hay que armonizar las diferentes prioridades de cada socio. De este modo, la orientación del ejecutivo no siempre es plenamente controlada por el presidente, que deberá velar constantemente para reducir los disensos y las crisis internas y demostró una gran capacidad negociadora. Añadamos, además, que Puigdemont tiene como número dos de su gobierno Oriol Junqueras, presidente y líder máximo de ERC. Puigdemont deberá ejercer una autoridad presidencial con un liderazgo asimétrico en comparación con el ya consolidado de Junqueras. ¿Aceptarán Junqueras y los consejeros de su partido la subordinación al presidente? ¿Sabrá Puigdemont combinar el liderazgo presidencial que requiere su gobierno con el liderazgo compartido ligado al desarrollo del proceso? Son retos que se irán desvelando en los próximos meses.

Añadamos, por último, el carácter excepcional de la actual legislatura condicionada tanto por la naturaleza y magnitud del proyecto a lograr (la independencia), los plazos impuestos por las fuerzas que lo impulsan (dieciocho meses) y la inexperiencia, urgencias y radicalidad de la CUP, entidad política de naturaleza asamblearia donde los votos son claves para seguir adelante. Es este conjunto de factores lo que hace difícil -aunque no imposible- que Puigdemont, además de gobernar y presidir, tenga margen para llegar a desarrollar y consolidar un liderazgo propio. Al menos por ahora.

Àngel Castiñeira

(Artículo publicado en el diario ARA, 10 de marzo de 2016)

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