Archivo del Enero, 2014

Discursos que han hecho historia: “Sangre, sudor y lágrimas”

Hoy os ofrecemos el último post de la serie de artículos publicados en la sección Discursos que han Hecho historia del diario Cinco Días. En esta ocasión os dejamos el discurso que pronunció Winston Churchill el 13 de mayo de 1940: Sangre, sudor y lágrimas.

Puede leer el discurso entero aquí ya continuación se encuentra el comentario de Carlos Losada, profesor titular del Departamento de Dirección General y Estrategia de ESADE.

El buen liderazgo: desde la honestidad y con una razón de ser

En 1940, Winston Churchill se dirigió al conjunto del parlamento británico para pedir su apoyo para el gobierno que le acababa de encargar formar el rey Eduardo VIII. La situación no podía ser más complicada. La agresión del nazismo era ya una realidad palpable. Militarmente la amenaza no podía ser mayor, y se conocía ya bien el “modelo social ario” que proponía Hitler. Las barbaridades y atrocidades que se cometían contra las personas dentro y fuera de Alemania, las políticas del gobierno nazi hacia minorías como la judía, gitana,  o simplemente contra aquellos que políticamente se oponían al régimen (comunistas, socialdemócratas…) era ya algo tremendamente conocido por el conjunto de la sociedad británica. Sabía el riesgo que tenía delante. Y se conocía el tamaño de la amenaza de Hungría a Portugal, y de Noruega a Sicilia: la presencia nazi era palmaria.

Asimismo, la masacre de la guerra era una realidad cotidiana. Inglaterra se encontraba en un momento crítico. Hasta ese momento había perdido todas sus batallas. Todos los ciudadanos británicos sabían que no se estaban jugando una colonia u otra, sino prácticamente la supervivencia del modelo británico de ciudadanía y de relaciones entre los ciudadanos, y los derechos fundamentales propios de una democracia, así como el propio proyecto de país. El riesgo de colapso del centenario Imperio Británico era evidente. El estado de ánimo era extraordinariamente bajo, delicado, con un futuro oscuro. Y el país no estaba unido. Seguía habiendo una corriente importante de pactistas, favorables a un acuerdo con la Alemania nazi. La URSS lo había hecho meses atrás. Era un momento en el que la gente buscaba dirección y alguien en que confiar.

Winston Churchill fue capaz de diagnosticar perfectamente el estado de sus conciudadanos, y supo conectar con ellos desde la honestidad más profunda: un diagnóstico no disimulado, un camino dificilísimo y un éxito que no podía ser prometido. Sólo realismo y una razón de ser por la que valía la pena pasar las mayores calamidades humanas. También fue fiel a sí mismo, dejando a un lado gran parte de sus políticas partidistas, y sintiéndose realmente responsable del conjunto de la nación. En ese entorno y de una manera solemne, Churchill pide el apoyo de los representantes de los ciudadanos y les promete tan sólo, como antes había prometido a aquellos que se habían unido a su Gobierno: “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (“blood, toil, tears and sweat)”. Cada palabra era conocida en primera persona por sus conciudadanos.

Esa expresión les tocó el corazón, por ser real, por saber que no estaba engañando a nadie y que era honesto con ellos. Pero el discurso no acabó ahí. Sus últimos párrafos tienen que ver con una llamada a una causa, un “para qué”. La posibilidad de sobrevenir la catástrofe, que en aquel momento no era evidente. Era un entorno donde no se podía prometer más que extraordinarios -casi sobrehumanos- esfuerzos.

Nos encontramos ante el claro ejemplo de un gran líder que es capaz de captar la situación en la que vive la gente, con honestidad y realismo y que, a la vez, es capaz de movilizar lo  mejor de las personas hacia un proyecto compartido, sin prometer lo que no es posible. Muchos son los estudios de liderazgo que dicen que no hay liderazgo sin ese contacto con la realidad, sin esa capacidad de conectar con lo real; por eso siempre se dice que el liderazgo es contextual. Pero no sólo es adaptarse a la situación, sino que desde el realismo plausible se trata de conectar con una verdadera razón de ser.  Esta es, a mi modo de ver, la grandeza de Churchill y su liderazgo: honestidad y dar una razón de ser.

Todo ello es fácil de decir pero, evidentemente, difícil de hacer porque un liderazgo así involucra a toda la persona: a sus aspiraciones y ambiciones, a su manera cómo entiende la vida y como entiende la suya. No es algo añadido de la profesión, sino personal. Churchill en su discurso nos evidencia que cuando se lidera es la propia persona (no sólo el rol, la función o la profesión) lo que se pone en juego.

Decía un filósofo alemán de finales del siglo XIX que quien tiene un “para qué” aguanta muchos “cómos”. Me temo que muchos liderazgos hoy son tóxicos, negativos o de baja calidad, por la falta de honestidad y de un “para qué” que valga al menos el esfuerzo que se pide.

Carlos Losada

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 2 de septiembre de 2013)

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Mafalda y Manolito en la política

Hay dos personajes entrañables del humorista gráfico Quino que seguro que recordarán. Son Mafalda y su amigo Manolito. Ambos reflejan opciones vitales radicalmente diferentes e incluso opuestas. Mafalda representa el idealismo, el inconformismo, el rechazo a la injusticia, a la guerra, a las armas nucleares, al hambre, al racismo, etc. Quino la presenta como una defensora de la paz, los derechos humanos y la democracia; una niña que incomoda frecuentemente a los adultos con sus preguntas impertinentes y desinhibidas sobre los convencionalismos sociales y las contradicciones de la conducción política del mundo.

Por el contrario, Manolito, hijo de un comerciante de barrio, encarna las ideas capitalistas y conservadoras. Es ambicioso, práctico, realista, materialista, trabajador y un hábil contable. Ayuda a la venta y distribución de mercancías en el almacén de su padre y está al corriente de todas las operaciones de entrada y salida de dinero de la tienda. Siempre con los pies en el suelo, no tiene fantasía ni imaginación, pero sabe lo que quiere realmente en la vida. Su principal aspiración es convertirse en un importante ejecutivo dueño de una cadena de supermercados y enviar a Rockefeller a la quiebra. Demuestra siempre un gran oportunismo comercial (vende a sus amigos golosinas a crédito, anotando los intereses en su libretita; inventa maneras de hacer publicidad del almacén de su padre) y detecta cualquier oportunidad financiera y de negocios que se le presente. Hay algunas frases memorables de su repertorio: “¿Cómo puede saber alguien si algo es bonito si no sabe cuánto cuesta?”, O bien: “No, claro que el dinero no lo es todo… también están los cheques”.

Mafalda y Manolito son como la cara y la cruz y, sin embargo, son amigos. Abusando de la imagen, incluso podríamos decir que se complementan, ya que las dos visiones aportan un punto de vista diferente y necesario sobre el conocimiento y la manera de acercarse a la realidad.

En mi opinión, ambas figuras también están presentes en el mundo de la política. Hay líderes que apelan a los principios y tienen capacidad de transmitirlos y hay políticos que tienen ideas y capacidad de llevarlas a la práctica. Unos son idealistas, otros pragmáticos; unos se mueven por valores, los demás saben que deben gestionar intereses; unos predican, los otros intentan dar trigo; unos son los cuidadores de la pureza, los otros, de la eficacia; unos aspiran a defender el bien común, los otros aportan soluciones.

Como hemos podido comprobar durante el mandato de Obama, en las democracias actuales una de las principales dificultades del liderazgo consiste precisamente en saber unir promesas y realidades, proyectos y planes de realización, sueños y hechos. Esta dicotomía queda reflejada también en una especie de inevitable especialización de los políticos. Como indica Felipe González en su último libro, parece que algunos políticos tienen principios, pero no tienen ideas, otros poseen ideas, pero carecen de principios, y no escasean los que no tienen ni ideas ni principios. Finalmente, claro, hay también aquellos que tienen ideas y principios.

Esta clasificación, aunque sea muy esquemática, nos ayuda a comprender por qué es tan difícil que las expectativas del liderazgo político se cumplan. Es fácil tener la cabeza en las nubes como Mafalda, o los pies en el suelo como el Manolito; lo difícil es saber combinar las dos funciones aportando lo mejor de cada una. Desde el frente ideológico es relativamente fácil defender, por ejemplo, el principio de una escuela pública de calidad (y donde decimos escuela apunten, si quieren, sanidad, justicia, seguridad, administración, etc . ). Lo que es difícil es tener ideas y competencias de gestión para aportar soluciones y ofrecer respuestas a esta petición cuando los recursos (económicos y políticos) son escasos. Y, en sentido inverso, hay actitudes de políticos sin principios y sin escrúpulos que en aras de la eficacia, o de hacer caer el adversario, o de ganar votos, o de presentar un resultado ” brillante”, pueden saltarse cualquier valor, ideal o límite ético y lograr lo que buscaban. Los ejemplos y las combinaciones podrían seguir.

Necesitamos principios que movilicen a la gente hacia un ideal de vida en común, y necesitamos palabras para saber comunicarlos. Pero también necesitamos ideas y métodos de gestión próximos a los principios defendidos y que estas ideas puedan traducirse luego en hechos reales que mejoren nuestras vidas y nos acerquen al ideal compartido. Es decir, necesitamos convicción y capacidad de ejecución, compromiso con un proyecto y destreza para ponerlo en práctica. Y todo esto no lo necesitamos por separado, sino junto. Esta es la magia pero también la rareza del buen liderazgo .

Àngel Castiñeira

(Artículo publicado en el diario Ara, 28 de enero de 2014 )

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Discursos que han hecho historia: “Tengo un sueño”

Siguiendo con la serie de artículos publicados en la sección Discursos que han Hecho historia del diario Cinco Días, hoy os ofrecemos lo que Martin Luther King Jr.. pronunció el 28 de agosto de 1963: I have a dream.

Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el comentario de Ceferí Soler, profesor titular del Departamento de Dirección de Personas y Organización de ESADE.

I HAVE A DREAM

En ocasiones, hemos observado en artistas, pensadores y místicos que se encuentran en estados especiales de gran inspiración, como fue el día 28 de agosto de 1963, en Washington DC.

Estar en silencio, meditando las ideas del discurso de Martin Luther King Jr. “He tenido un sueño. No podemos volver atrás. Nuestra tarea es marchar hacia adelante” significa anticipar y compartir nuestras ideas, nuestra percepción del trabajo, de las empresas que nos puedan traer sus objetivos ilusionantes para interpretar que el Maestro ya ha cumplido su misión, ya dejó claro su mensaje de seguir nuestro corazón, nuestra intuición, de amar lo que hacemos como el mejor servicio a la sociedad. Ya se difundió por todo el mundo su testamento de fe en nosotros mismos y nuestro potencial de vivir cada día como si fuera único…

Agradecimiento, pues, a quien va y vuelve a través del sueño, y al retornar nos regala sus palabras mágicas con las que interpretamos sus valores de fe, de esperanza, compromiso y exigencia en su compasión por la humanidad sin diferencias entre razas.

En el silencio nuestras ideas se ordenan, aunque el exterior continúa desordenado. Las palabras se renuevan porque han sido limpiadas y en el silencio, es más fácil contactar con los demás, en los amaneceres que nos recargan nuestras baterías de energía vital para abrir las mentes cerradas.

La crisis es como una bendición porque aporta nuevas ideas de progreso. Nacen nuevas estrategias, con creatividad, para destruir las incompetencias de la especulación que representa la pereza mental. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida en la empresa es rutina, desmotivación, personas con máscaras que representan el papel que les han indicado. Ha desaparecido la espontaneidad, la autenticidad y la transparencia porque el problema no son las máscaras sino que detrás de ellas no se encuentra la persona real que estima su trabajo.

La persona auténtica es la persona que trabaja en su empresa, que debe planificar, organizar los recursos, controlar las operaciones y con el liderazgo inspirador conseguir sus objetivos. Liderar es influir de forma proactiva. Con espiritualidad, esperanza, fe y compasión de Martin Luther King, con creatividad sin máscara y pasión, como Steve Jobs, para construir espacios positivos, compartir ideas y conocimiento, crear directivos emprendedores entre los colaboradores que de forma anónima estamos sosteniendo nuestro país.

Para comprender la conexión entre el liderazgo eficiente con la visión espiritual debemos estudiar la inspiración del líder en el desarrollo de la visión. Es decir, sus competencias, sin limitaciones, en el desarrollo de su inspiración. Tiene la chispa de energía vital, la tenacidad y perseverancia para conseguir que su visión sea realizable. Es como una íntima convicción acompañada de sus creencias y valores sociales que guían sus decisiones.

Los líderes con visión, como Duran Farell, fundador de Gas Natural, entienden que su espiritualidad tiene que ver con su significado y el propósito de su misión. Este significado o propósito genera un sentido de pertenencia y una conciencia social que representa la mejor recompensa moral y cívica para sus colegas, directivos, jefes, supervisores y colaboradores o seguidores. Es el poder de transformar la energía positiva para estas personas. Martin Luther King, Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, impregnaron su vida de espiritualidad para servir a los demás con el compromiso de no violencia hasta el final de sus vidas.

El líder inspirando futuros puede ayudar a sus colaboradores en el compromiso vital para lograr sus objetivos y obtener el estado íntimo de máxima satisfacción, por el trabajo bien realizado, como nuestro legado de responsabilidad social sobre la dimensión trascendente de la experiencia humana.

Ceferí Soler

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 26 de agost de 2013)

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VIII Jornada de reflexión y debate en Sant Benet (1)

Un año más, a finales de septiembre, la Cátedra de Liderazgos de ESADE organizó, conjuntamente con la Fundación Cataluña – La Pedrera, la ya tradicional jornada de reflexión y debate en San Benito. Este año, el encuentro llevaba por título Liderazgo emprendedor: oportunidades en escenarios adversos y se llevó a cabo el 30 de septiembre en Món Sant Benet, en la sala Gran Montserrat del monasterio de Sant Benet de Bages. Esta fue la octava jornada que organizaba la Cátedra en San Benito y en esta ocasión se abordó el emprendimiento desde la triple perspectiva de la experiencia, el aprendizaje y los ecosistemas.

Desde sus inicios, estas jornadas se han erigido como un foro de reflexión diferente y singular. Líderes políticos, económicos y sociales de primer nivel son convocados para debatir, desde el punto de vista del liderazgo, temáticas de especial relevancia con el objetivo de compartir reflexiones y experiencias y de encontrar soluciones a problemas de gran complejidad.

En este post os ofrecemos un vídeo resumen de la jornada como preámbulo de una serie de publicaciones sobre toda la jornada, que iremos publicando cada semana. Puede consultar el vídeo en esade.tv oa través de la web de la Cátedra.

Esperamos que sean de su interés y que contribuyan a mantener vivos unos debates que son, a nuestro juicio, ineludibles.

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