Discursos que han hecho historia: “Ich bin ein Berliner”

Mañana viernes, 22 de noviembre de 2013, hará 50 años del asesinato de John F. Kennedy en Dallas (Texas). Su muerte violenta contribuyó a afianzar aún más la figura de un presidente convertido en mito ya durante su mandato.

Coincidiendo, pues, con el cincuenta aniversario de su muerte, la Cátedra os quiere ofrecer un artículo sobre uno de sus discursos más célebres, pronunciado en Berlín el 26 de junio de 1963: Ich bin ein Berliner. Este artículo se enmarca, una vez más, en la serie de textos que aparecieron en el diario Cinco Días durante los meses de julio y agosto de 2013 bajo el título de Discursos que han hecho historia.

Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el artículo de Pau Mas, coordinador de la Cátedra Liderazgos de ESADE.

Vuestro destino es el nuestro, juntos ganaremos
Ich bin ein Berliner ha pasado a la historia como uno de los mejores y más citados discursos de John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos entre los años 1961 y 1963, cuando su mandato se vio truncado por su violento asesinato. El discurso fue pronunciado el 26 de junio de 1963, casi dos años después de la construcción del muro de Berlín, la expresión más vívida y trágica de la Guerra Fría. Éste dividiría la antigua capital alemana en dos partes durante casi 30 años y convertiría la parte occidental en un enclave de la República Federal Alemana en plena Deutsche Demokratische Republik (RDA en su acrónimo castellano), bajo dominio soviético desde la victoria aliada.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial la unidad de las Fuerzas Aliadas rápidamente se desvaneció. Derrotados Hitler y el fascismo, la pugna entre capitalismo y comunismo recrudeció la lucha por el control geopolítico de Mitteleuropa, del que dependía la hegemonía y la supervivencia de ambos bloques. Nacía el Eisener Vorhang, el famoso Telón de Acero, frontera política, ideológica y física entre Europa Occidental y el bloque comunista, que reproduciría la Guerra Fría a escala meso (Alemania) y micro (Berlín). En Alemania, en Berlín, se jugaba una partida de alcance internacional, que puso a prueba la resistencia de EEUU en múltiples ocasiones. El bloqueo de Berlín (1948/49), el cierre de las fronteras entre las dos Alemanias decretado por la RDA (1952) o la construcción del muro (1961) son solo tres de los muchos momentos que exigieron compromiso, lealtad… y soluciones prácticas por parte de EEUU.

En 1963 Kennedy visitó un Berlín ya dividido. Berlín –desanimado, angustiado, exhausto- profirió una cálida bienvenida a un presidente carismático, que generaba grandes expectativas en EEUU. Célebres son sus discursos sobre la Nueva Frontera (1960) o sobre el objetivo de hacer llegar el hombre a la luna (1961). El discurso pronunciado en Berlín no defraudó, sedujo al pueblo berlinés y catapultó su liderazgo del ámbito nacional a la esfera internacional. El mensaje era: ante un muro infranqueable, puentes; ante el bloqueo, compromiso; ante el sometimiento, resistencia; ante la opresión, libertad.

De su discurso tiene especial trascendencia la breve frase Ich bin ein Berliner, pronunciada así, en alemán. Una frase corta, aparentemente sencilla, sin trascendencia. Sin embargo, se trata de una frase magistral, por sus múltiples significados ocultos, por su alto voltaje emocional y por su indudable intencionalidad: supo identificar el estado de ánimo de los berlineses, angustiados ante el recrudecimiento de las relaciones entre occidente y el bloque comunista (os entiendo, por esto estoy aquí); supo establecer un vínculo emocional con los berlineses (soy uno de los vuestros); supo canalizar sus ansias de libertad, vinculando el futuro de los berlineses al destino de los Estados Unidos y del mundo libre (no estáis solos, yo os acompaño); supo alinear a los berlineses con los intereses americanos en una causa común: la lucha por la libertad, la lucha contra el comunismo (tenemos un sueño común); y por encima de todo, supo atribuir sentido y propósito histórico a sus dificultades, a sus penurias y a sus sacrificios (vuestro destino es el nuestro, juntos ganaremos). Y todo ello condensado en una única frase, pronunciada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. El mito estaba servido.

Pau Mas

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 29 de julio de 2013)

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