Discursos que han hecho historia: “Puedo prometer y prometo”

De nuevo, os ofrecemos un nuevo artículo de la serie Discursos que han hecho historia, publicado por el diario Cinco Días durante los meses de verano de este año.

En esta entrada encontraréis el discurso que pronunció Adolfo Suárez el 13 de junio de 1977: Puedo prometer y prometo. Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el artículo de Francisco Loscos, profesor del Departamento de Dirección de Personas y Organización de ESADE.

UN COMPROMISO ASTUTO E IMPECABLE

El 15 de junio de 1977 se celebraron en España las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador Francisco Franco.

El entorno sociopolítico era muy complicado. Juan Carlos I había sido nombrado rey de España el 22 de noviembre de 1975. Carlos Arias Navarro, presidente del primer gobierno del nuevo estado, fracasó en el proceso de transformación democrática. No supo, no pudo, o no le dejaron, gestionar dos variables clave: por un lado, el deseo no-reformista de la mayoría de las huestes franquistas, y por otro, el deseo de reformas aceleradas y radicales de los que llevaban décadas esperando el cambio. En julio de 1976 el rey nombró a Adolfo Suárez presidente del Gobierno. Pese a la desconfianza generalizada, Suárez logró impulsar las reformas necesarias para que el 15 de junio del 77 fuera, no solo la puesta de largo de un estado democrático, sino también que todas las fuerzas políticas de la izquierda pudieran participar.

Suárez crea un partido político a imagen y semejanza suya, la Unión de Centro Democrático (UCD), con la que se presenta a las elecciones. En vísperas de la jornada electoral Suárez pronuncia un discurso, emitido por TVE, en el que utiliza el famoso “Puedo prometer y prometo”, sin ninguna duda la coletilla política más impactante de la reciente historia política de nuestro país. Si analizamos el discurso de Suárez desde el prisma situacional de aquel momento histórico, y desde una perspectiva más actual de liderazgo transformacional,  podemos extraer algunas reflexiones muy interesantes.

En primer lugar, el objetivo del discurso fue la creación de una visión compartida de lo que debería configurar los valores esenciales del nuevo Estado de Derecho. Para ello manejó impecablemente la audiencia, la filosofía, y el compromiso. Una audiencia inmadura democráticamente, pero que deseaba y necesitaba “comprar” un proyecto político. Una filosofía que aunaba una dimensión más propia del largo plazo (visión estadista) con otra perteneciente a la esfera del corto plazo (visión política). Y un compromiso muy astuto que conectaba impecablemente las emociones del “poder hacer” (puedo prometer) con las del “hacer” (prometo).

En segundo lugar, el discurso tuvo la habilidad de convertir un escenario de inquietudes y temores en un espacio de confianza. El inicio del discurso estuvo focalizado en las tres grandes promesas que se habían cumplido. No eran promesas banales, además de vitales, eran propietarias de un extraordinario impacto emocional. Venían referidas a la devolución de la Soberanía, a la Transición en paz, y a que todas las familias políticas tuvieran su espacio.

En tercer lugar, el liderazgo de Suárez salió reforzado tras el discurso. Por un lado, el contenido del mismo provocó una simbiosis entre Adolfo Suárez y su partido político que posibilitó el triunfo de la UCD frente al PSOE. Por otro lado, el lenguaje corporal ante la cámara estuvo absolutamente alineado tanto con las palabras (seguridad) como con el entorno (confianza). El liderazgo de Suárez fue un gran atractor de votos porque mostró un extraordinario estado de Atracción Emocional Positiva (PEA).

Y en cuarto lugar, el mensaje, estructurado alrededor del impactante “Puedo prometer y prometo” generó un enorme efecto de contagio emocional. Fue un mensaje que tuvo la capacidad de lograr que el pueblo “comprara” y “soñara” con esa visión que Adolfo Suárez tenía y compartía, a la vez que la habilidad de resultar inolvidable.

Francisco Loscos

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 22 de julio de 2013)

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