Archivo del Noviembre, 2013

Discursos que han hecho historia: La disolución de la Unión Soviética (URSS)

Esta semana os ofrecemos un nuevo artículo de la serie Discursos que han hecho historia del diario Cinco Días. El artículo de hoy analiza el discurso que pronunció Mijaíl Gorbachov el 25 de diciembre de 1991: La disolución de la Unión Soviética (URSS).

Podéis leer el discurso entero aquí y a continuación encontraréis el artículo de David Murillo, Profesor del Departamento de Ciencias Sociales de ESADE.

GORBACHOV, EL LÍDER QUE SUPO IRSE

El día anterior a la Navidad de 1991, Gorbachov hacía su último discurso como presidente de la Unión Soviética. En un discurso sereno y sincero, abandonado por sus antiguos aliados y por las regiones ya emancipadas, Gorbachov certificaba la extinción de la Unión Soviética: “Como consecuencia del escenario recién formado, la creación de la Comunidad de Estados Independientes, ceso mis actividades en el cargo de presidente de la URSS. Tomo esta decisión a partir de consideraciones basadas en principios morales.”

La última fase de la guerra fría iniciada por el presidente Reagan había dejado la URSS contra las cuerdas. Agotada en el frente interno, en el económico y en el cultural, la llegada de Gorbachov a la secretaría general del Comité central del PCUS, en 1985, se encargaría de traer la esperanza a un país extenuado. Con la Glásnost (política de transparencia) las diferencias culturales y étnicas de la Unión surgieron a la superficie. La historia censurada (el Pacto secreto de agosto de 1939 entre Stalin y Hitler para repartirse Polonia y los países bálticos o la matanza de oficiales polacos de Katyn, de 1943) surgieron abruptamente a la luz. El deseo de libertad se desbordó. La Perestroika (reconstrucción económica) sólo sirvió para desatar la voluntad de reformar lo irreformable. La distancia entre las expectativas generadas y la terca realidad, lejos de disminuir, aumentaba. La lucha entre reformadores e inmovilistas estaba servida. En verano de 1991, en un estado ya en descomposición, Gorbachov fue detenido en una dacha de Crimea. El reformador ruso Boris Yeltsin precipitó el fin del golpe de estado desde Moscú y se consolidó como la estrella emergente de Rusia. La URSS se desintegraba.

En este último discurso Gorbachov admitía la imposibilidad de mantener la Unión que tanto deseaba: “el proceso de renovación del país, así como los radicales cambios en el mundo, resultaron ser mucho más complicados de lo que cabía esperar”. Hablaba ya para la posteridad. Su contribución, consumar el traspaso de poderes de una entidad política que dejaba de existir. Su liderazgo: comprender la situación, entender que su papel histórico (posibilitar la transición) había quedado atrás, y dejar su cargo con dignidad y generosidad. Pocos líderes saben hacer frente al revés último y marchar con dignidad. Nada hay más difícil que entender que tu tiempo ha pasado. A menudo arrastran orgullos, desean revanchas y segundas vueltas. Quieren fijar lo que de ellos dirá la historia y dejar una estampa más bella que la del momento final. Una empresa sin duda demasiado ambiciosa para los simples mortales.

En su despedida, Gorbachov, enarboló los valores que defendió y por los que luchó en el periodo crucial que le tocó vivir: la libertad económica, los derechos humanos, la democracia y el optimismo. “Un gran avance se ha logrado en el camino hacia el cambio democrático. Las elecciones libres, la libertad de prensa, las libertades religiosas, los órganos representativos del poder, el sistema multipartidista; todo esto se ha hecho realidad. Los Derechos Humanos son reconocidos como principio supremo”. En su balance de gestión, escueto, comentó: “Nos abrimos al mundo, dejamos de interferir en los asuntos de otros y de emplear tropas más allá de las fronteras del país, y la confianza, la solidaridad y el respeto fueron devueltos como respuesta.”

No le gustó lo que llegó tras él en el terreno político. Con posterioridad, en más de una ocasión, se mostraría frustrado por las barreras e impedimentos que impidieron relanzar su proyecto político. Con todo, siempre supo situarse por encima del contexto, mantener su legado histórico y entender que su gran momento dejó de existir en 1991.

David Murillo

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 5 de agosto de 2013)

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Discursos que han hecho historia: “Ich bin ein Berliner”

Mañana viernes, 22 de noviembre de 2013, hará 50 años del asesinato de John F. Kennedy en Dallas (Texas). Su muerte violenta contribuyó a afianzar aún más la figura de un presidente convertido en mito ya durante su mandato.

Coincidiendo, pues, con el cincuenta aniversario de su muerte, la Cátedra os quiere ofrecer un artículo sobre uno de sus discursos más célebres, pronunciado en Berlín el 26 de junio de 1963: Ich bin ein Berliner. Este artículo se enmarca, una vez más, en la serie de textos que aparecieron en el diario Cinco Días durante los meses de julio y agosto de 2013 bajo el título de Discursos que han hecho historia.

Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el artículo de Pau Mas, coordinador de la Cátedra Liderazgos de ESADE.

Vuestro destino es el nuestro, juntos ganaremos
Ich bin ein Berliner ha pasado a la historia como uno de los mejores y más citados discursos de John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos entre los años 1961 y 1963, cuando su mandato se vio truncado por su violento asesinato. El discurso fue pronunciado el 26 de junio de 1963, casi dos años después de la construcción del muro de Berlín, la expresión más vívida y trágica de la Guerra Fría. Éste dividiría la antigua capital alemana en dos partes durante casi 30 años y convertiría la parte occidental en un enclave de la República Federal Alemana en plena Deutsche Demokratische Republik (RDA en su acrónimo castellano), bajo dominio soviético desde la victoria aliada.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial la unidad de las Fuerzas Aliadas rápidamente se desvaneció. Derrotados Hitler y el fascismo, la pugna entre capitalismo y comunismo recrudeció la lucha por el control geopolítico de Mitteleuropa, del que dependía la hegemonía y la supervivencia de ambos bloques. Nacía el Eisener Vorhang, el famoso Telón de Acero, frontera política, ideológica y física entre Europa Occidental y el bloque comunista, que reproduciría la Guerra Fría a escala meso (Alemania) y micro (Berlín). En Alemania, en Berlín, se jugaba una partida de alcance internacional, que puso a prueba la resistencia de EEUU en múltiples ocasiones. El bloqueo de Berlín (1948/49), el cierre de las fronteras entre las dos Alemanias decretado por la RDA (1952) o la construcción del muro (1961) son solo tres de los muchos momentos que exigieron compromiso, lealtad… y soluciones prácticas por parte de EEUU.

En 1963 Kennedy visitó un Berlín ya dividido. Berlín –desanimado, angustiado, exhausto- profirió una cálida bienvenida a un presidente carismático, que generaba grandes expectativas en EEUU. Célebres son sus discursos sobre la Nueva Frontera (1960) o sobre el objetivo de hacer llegar el hombre a la luna (1961). El discurso pronunciado en Berlín no defraudó, sedujo al pueblo berlinés y catapultó su liderazgo del ámbito nacional a la esfera internacional. El mensaje era: ante un muro infranqueable, puentes; ante el bloqueo, compromiso; ante el sometimiento, resistencia; ante la opresión, libertad.

De su discurso tiene especial trascendencia la breve frase Ich bin ein Berliner, pronunciada así, en alemán. Una frase corta, aparentemente sencilla, sin trascendencia. Sin embargo, se trata de una frase magistral, por sus múltiples significados ocultos, por su alto voltaje emocional y por su indudable intencionalidad: supo identificar el estado de ánimo de los berlineses, angustiados ante el recrudecimiento de las relaciones entre occidente y el bloque comunista (os entiendo, por esto estoy aquí); supo establecer un vínculo emocional con los berlineses (soy uno de los vuestros); supo canalizar sus ansias de libertad, vinculando el futuro de los berlineses al destino de los Estados Unidos y del mundo libre (no estáis solos, yo os acompaño); supo alinear a los berlineses con los intereses americanos en una causa común: la lucha por la libertad, la lucha contra el comunismo (tenemos un sueño común); y por encima de todo, supo atribuir sentido y propósito histórico a sus dificultades, a sus penurias y a sus sacrificios (vuestro destino es el nuestro, juntos ganaremos). Y todo ello condensado en una única frase, pronunciada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. El mito estaba servido.

Pau Mas

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 29 de julio de 2013)

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Discursos que han hecho historia: “Puedo prometer y prometo”

De nuevo, os ofrecemos un nuevo artículo de la serie Discursos que han hecho historia, publicado por el diario Cinco Días durante los meses de verano de este año.

En esta entrada encontraréis el discurso que pronunció Adolfo Suárez el 13 de junio de 1977: Puedo prometer y prometo. Podéis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el artículo de Francisco Loscos, profesor del Departamento de Dirección de Personas y Organización de ESADE.

UN COMPROMISO ASTUTO E IMPECABLE

El 15 de junio de 1977 se celebraron en España las primeras elecciones democráticas tras la muerte del dictador Francisco Franco.

El entorno sociopolítico era muy complicado. Juan Carlos I había sido nombrado rey de España el 22 de noviembre de 1975. Carlos Arias Navarro, presidente del primer gobierno del nuevo estado, fracasó en el proceso de transformación democrática. No supo, no pudo, o no le dejaron, gestionar dos variables clave: por un lado, el deseo no-reformista de la mayoría de las huestes franquistas, y por otro, el deseo de reformas aceleradas y radicales de los que llevaban décadas esperando el cambio. En julio de 1976 el rey nombró a Adolfo Suárez presidente del Gobierno. Pese a la desconfianza generalizada, Suárez logró impulsar las reformas necesarias para que el 15 de junio del 77 fuera, no solo la puesta de largo de un estado democrático, sino también que todas las fuerzas políticas de la izquierda pudieran participar.

Suárez crea un partido político a imagen y semejanza suya, la Unión de Centro Democrático (UCD), con la que se presenta a las elecciones. En vísperas de la jornada electoral Suárez pronuncia un discurso, emitido por TVE, en el que utiliza el famoso “Puedo prometer y prometo”, sin ninguna duda la coletilla política más impactante de la reciente historia política de nuestro país. Si analizamos el discurso de Suárez desde el prisma situacional de aquel momento histórico, y desde una perspectiva más actual de liderazgo transformacional,  podemos extraer algunas reflexiones muy interesantes.

En primer lugar, el objetivo del discurso fue la creación de una visión compartida de lo que debería configurar los valores esenciales del nuevo Estado de Derecho. Para ello manejó impecablemente la audiencia, la filosofía, y el compromiso. Una audiencia inmadura democráticamente, pero que deseaba y necesitaba “comprar” un proyecto político. Una filosofía que aunaba una dimensión más propia del largo plazo (visión estadista) con otra perteneciente a la esfera del corto plazo (visión política). Y un compromiso muy astuto que conectaba impecablemente las emociones del “poder hacer” (puedo prometer) con las del “hacer” (prometo).

En segundo lugar, el discurso tuvo la habilidad de convertir un escenario de inquietudes y temores en un espacio de confianza. El inicio del discurso estuvo focalizado en las tres grandes promesas que se habían cumplido. No eran promesas banales, además de vitales, eran propietarias de un extraordinario impacto emocional. Venían referidas a la devolución de la Soberanía, a la Transición en paz, y a que todas las familias políticas tuvieran su espacio.

En tercer lugar, el liderazgo de Suárez salió reforzado tras el discurso. Por un lado, el contenido del mismo provocó una simbiosis entre Adolfo Suárez y su partido político que posibilitó el triunfo de la UCD frente al PSOE. Por otro lado, el lenguaje corporal ante la cámara estuvo absolutamente alineado tanto con las palabras (seguridad) como con el entorno (confianza). El liderazgo de Suárez fue un gran atractor de votos porque mostró un extraordinario estado de Atracción Emocional Positiva (PEA).

Y en cuarto lugar, el mensaje, estructurado alrededor del impactante “Puedo prometer y prometo” generó un enorme efecto de contagio emocional. Fue un mensaje que tuvo la capacidad de lograr que el pueblo “comprara” y “soñara” con esa visión que Adolfo Suárez tenía y compartía, a la vez que la habilidad de resultar inolvidable.

Francisco Loscos

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 22 de julio de 2013)

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Discursos que han hecho historia: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin esfuerzos”

Os ofrecemos un nuevo post de la serie Discursos que han hecho historia, publicado en el diario Cinco Días: el discurso pronunciado por Robert Schuman el 9 de mayo de 1950 “La paz mundial no puede salvaguardarse sin esfuerzos”.

Podeis leer el discurso completo aquí y a continuación encontraréis el artículo de Eugenio M. Recio, profesor honorario de ESADE.

RECORDANDO LOS ORÍGENES DEL PROYECTO EUROPEO

De la creación de la Comunidad Económica del Carbón y Acero (CECA), que es el origen de la UE, se pueden sacar importantes lecciones para la gestión de las empresas.

Desde un punto de vista estrictamente empresarial el ampliar el medio físico permite a las empresas disponer de más recursos y, por tanto, escoger los necesarios para la producción en mejores condiciones. En el caso de la CECA, Francia y Alemania podrían explotar los recursos del carbón y acero en los yacimientos que ofrecieran mejores ventajas para las empresas de cada país, lo cual no ocurría cuando los separaban las fronteras nacionales.

La propuesta de este proyecto la hizo el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia Robert Schuman el 9 de mayo de 1950. En una Declaración de Gobierno propuso “que se someta el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero a una Alta Autoridad común”. Con la creación de esta Comunidad Económica, lucrativa para las empresas de ambos países, se buscaba, sin embargo, otra finalidad. Por eso en su  Declaración el Ministro aclara el objetivo subyacente afirmando que se trata de  “recorrer la primera etapa hacia una federación europea, que es indispensable para la preservación de la paz”, de modo que “la oposición secular entre Francia y Alemania quede superada”. Pero como “Europa no se hará de una vez, ni en una obra de conjunto sino gracias a realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho” se recurre al control común de factores de producción importantes para la guerra y  para la reconstrucción europea.

En los tiempos de crisis que vivimos, en los que por diversas causas está apareciendo una desafección al proyecto europeo, especialmente por cuestiones económicas, sería muy útil recordar los motivos y estrategias que dieron origen al proyecto europeo.

Las empresas de los 27 países, que integran actualmente la UE, se han podido beneficiar en estos años de las ventajas de un todavía no terminado mercado unitario, que permite disponer de los recursos productivos en mejores condiciones al tener un espacio más amplio para su selección. Y si se siguiera avanzando en el mercado interior esto podría repercutir también favorablemente en la situación del empleo, puesto que hay países comunitarios en los que escasea la oferta de mano de obra en relación con la demanda y otros, como el nuestro, en los que ocurre lo contrario.

Pero esta ventaja económica, como repetidamente recuerda Schuman en su Declaración, debe transcender al terreno político: “la creación de esa potente unidad de producción, abierta a todos los países que quieran participar en ella, proporcionará a todos los países, a los que agrupe, los elementos fundamentales de la producción industrial en las mismas condiciones y sentará los cimientos reales de su unificación económica. Dicha producción se ofrecerá a todo el mundo sin distinción ni exclusión, para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de las obras de paz… de este modo… se introducirá el fermento de una comunidad más amplia y más profunda entre países que durante tanto tiempo se han enfrentado en divisiones sangrientas”.

Ojalá que el recuerdo de estos primeros pasos de la Comunidad  Europea nos haga afrontar la superación de las dificultades presentes con el mismo ánimo con que lo hicieron nuestros predecesores y nos libremos de los nacionalismos populistas internos y de los que desde fuera, una vez más, intentan hundir un proyecto que tanto puede aportar al bienestar global. Las próximas elecciones al Parlamento Europeo del mes de mayo del 2014, nos ofrecen una gran oportunidad a todos los ciudadanos de contribuir a ello.

Eugenio M. Recio

(Artículo publicado en el diario Cinco Días, 15 de julio de 2013)

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