Valores: nosotros decidimos

El mundo está viviendo aceleradamente grandes cambios económicos, políticos, culturales y de valores. El US Army War College lo define como el mundo VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. Podríamos caracterizarlo también como paradójico, interdependiente, policéntrico y multipolar. Repasemos algunas paradojas. Hoy, en el mundo, hay más obesos que hambrientos, menos pobreza pero más desigualdad, más envejecimiento y menos natalidad, más oportunidades pero menos recursos y más competencia, más progresos democráticos pero más estados fallidos, menos conflictos bélicos pero más amenazas a la seguridad, más posibilidades de crecimiento económico pero más peligro de degradación medioambiental, más interdependencia global pero también más deseo de independencia nacional. Controlamos los flujos migratorios pero no controlamos los flujos financieros, vivimos en países ricos pero sufrimos elevados niveles de deuda pública. Estas paradojas las vivimos, además, en medio de importantes cambios socioculturales. Somos más altos, más pesados, más sanos y más longevos que nuestros antepasados, nuestros cuerpos son más fuertes, menos propensos a enfermar al principio de la vida y de desgaste más lento (R. Floud, 2011). Tenemos más poder adquisitivo, mejor formación y alimentación, somos más urbanos y sedentarios, vivimos en sociedades más heterogéneas, complejas y contaminadas, somos menos fértiles, más viejos, más obesos, más consumistas y nos casamos menos.

En nuestro estudio Valores blandos en tiempos duros. La sociedad catalana en la Encuesta Europea de Valores (2012) presentamos la sociedad catalana como individualista, liberal, tolerante, plural y democrática. Y, también, más libre, más exigente, y en proceso de autoafirmación identitaria. Es una sociedad de individuos que van a la conquista de todos los espacios de la vida cotidiana, para adaptarlos a sus propias preferencias y apropiárselos. Una sociedad viva y dinámica, en pleno proceso de reinvención individual y colectiva. La radicalidad democrática se expande en Catalunya yendo del brazo con el crecimiento identitario como pueblo que se autopercibe soberano. De hecho, el elemento que cohesiona a los catalanes es la fuerte identidad nacional compartida. Se combina así de manera bastante original un individualismo liberal en los valores con un fuerte sentimiento nacional colectivo. Desde el punto de vista del sistema de valores, el estudio presenta cinco tipologías de catalanes en relación con dos grandes ejes, sociedad-individuo y pasado-futuro. El primer eje agrupa a la gente de acuerdo con su grado de implicación sociopolítica o de preferencia por los intereses individuales. El segundo lo hace de acuerdo con el nivel de anclaje hacia el pasado (tradición) o de deseo de proyección e interés en el progreso.

Algunos científicos sociales han estudiado los procesos de crecimiento, maduración, auge, estancamiento, declive, colapso y disolución de los países. Las actitudes de sus élites e instituciones (rígidas, estáticas, conformistas, obsoletas, blandas, o bien flexibles, dinámicas, comprometidas, adaptables, sólidas) determinan en gran medida su futuro y continuidad, su capacidad de reinvención o su caída. Los pueblos son organismos vivos no predeterminados. Su auge o declive dependen de sus ciudadanos. Como decía Schopenhauer, el destino baraja las cartas, pero somos nosotros los que las jugamos. Nosotros decidimos la partida. Podemos luchar por nuestra recuperación (económica, educativa, laboral, social, política) o bien podemos sentarnos y esperar a que los cosas cambien como por milagro. Podemos lamernos las heridas y maldecir los apremios que nos encorsetan o bien podemos aspirar a la libertad. Podemos construir una Catalunya blanda, líquida, resignada, gris, corrupta, residual y acomodaticia o bien podemos optar por una Catalunya fuerte, resiliente, emprendedora, transformadora, creativa, innovadora, avanzada, inclusiva, activa, productiva, eficiente, excelente, conectada, abierta, sostenible, libre, democrática, pacífica, justa, solidaria y culta. Podemos ser un pueblo decadente o bien podemos aspirar a ser un país emergente. La manera de resolver la tensión entre individuo y comunidad y entre herencia y proyecto (de acuerdo con las tipologías mencionadas) decantará en los próximos años la deriva de nuestro país. El factor político será importante, pero la cuestión de los valores también. Y aquí sí que podemos decidir nosotros.

Àngel Castiñeira

(Articulo publicado en el diario La Vanguardia, 13 de noviembre de 2012)

 

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