¿La mayoría silenciosa?

A raíz de la Diada del Onze de Setembre en Barcelona y de las movilizaciones sociales de protesta para rodear el Congreso de los Diputados, han aparecido, tanto en España como en Catalunya, comentarios diversos comparando la representatividad de los manifestantes con la de una supuesta “mayoría silenciosa” que no se manifiesta (Rajoy). Alicia Sánchez-Camacho se ha referido, por ejemplo, a “la mayoría de los catalanes; una mayoría silenciosa, que no sale a la calle a manifestarse, y a la que el Govern de la Generalitat parece despreciar”. En ambos casos, los líderes del PP parecen querer comparar los gritos de una minoría ruidosa con las ideas, sentimientos y acciones supuestamente homogéneos y constructivos de todos “los demás”. Este argumento comete al menos tres trampas. La primera, considerar una minoría al millón y medio de catalanes que se manifestaron pacíficamente por las calles. La segunda, atribuir voz, cuerpo y voluntad únicos a miles de ciudadanos anónimos y fragmentados. Y tercera, identificar a esa falsa mayoría con el credo ideológico de quienes la evocan. Sin embargo, los líderes del PP puede que acierten en ver que el futuro de Catalunya va a depender en buena medida de lo que decidan esos millones de catalanes.

cc Ferran Nadeu

Hay al menos dos vías posibles de aproximarse al análisis de esa masa de posibles votantes. Una procede de las teorías sobre el papel de los seguidores en el liderazgo (B. Kellerman, 2008). La otra, algo más clásica, proviene de la sociología de la difusión y adopción de innovaciones (E. Rogers, 1962). Ambas se plantean cómo entre los miembros de un sistema social se transmiten nuevas ideas y se consigue que se impongan. Y ambas tienen puntos de coincidencia notables. Kellerman distingue cinco tipos de seguidores. Los aislados: desinformados, desinteresados y desmotivados. No tienen relación alguna con sus líderes. Guardan silencio porque están separados, y puesto que guardan silencio son ignorados. Los mirones, que observan pero no participan. Esta posición retirada equivale, en realidad, a un apoyo tácito a quien sea y a lo que sea que constituya el statu quo. Los participantes, comprometidos hasta cierto punto. Están claramente a favor de sus líderes, de los grupos y de las organizaciones a los que pertenecen, o están claramente en contra (si se sitúan en una posición alternativa). En ambos casos, se implican lo suficiente para intentar tener un impacto. Los activistas, que tienen unos sentimientos muy fuertes hacia sus líderes, y actúan de acuerdo con ello; trabajan intensamente para sus líderes o (si son contrarios) para socavarles, e incluso derribarles. Los incondicionales, profundamente entregados a sus líderes; o, en contraste, dispuestos a hacer abandonar sus puestos de poder, autoridad o influencia a sus adversarios de la manera más conveniente. Los seguidores incondicionales se definen por su entrega, que incluye su disposición a correr riesgos por una causa.

Rogers menciona también cinco tipos clave de individuos para poder comprender el éxito y la velocidad de divulgación, aceptación, incorporación e imitación de una nueva idea en la sociedad a través del papel de la influencia. Los denomina los innovadores (2,5%), los usuarios tempranos (13,5%), la primera mayoría (34%), la mayoría tardía (34%) y los más rezagados (16%).

En ambos casos, lo que se podría denominar “mayoría silenciosa” (aislados y mirones o tardíos y rezagados) cuenta inicialmente más bien poco, ya que su conducta es acomodaticia e irrelevante. Los que son decisivos en el impulso de los cambios son claramente los incondicionales y activistas y los innovadores y usuarios tempranos. Cuando dichas parejas se unen alcanzando una cierta masa crítica el cambio es posible y a veces imparable. La velocidad de adopción de la nueva causa es, por lo general, un buen indicio de su aceptabilidad. El proceso de decisión ante la posibilidad de aceptar una nueva causa o una innovación es fundamentalmente una actividad subjetiva de percepción, basada en el procesamiento de información y en una motivación individual para reducir la incertidumbre sobre las posibles ventajas o no de la propuesta. La nueva causa se impone socialmente si consigue vencer la incertidumbre. Por eso, los contrarios a la nueva causa acentúan la estrategia del miedo y sus consecuencias negativas.

Si nos fijamos en los índices cuantificados por Rogers, veremos que las mayorías tardías y los rezagados pueden llegar a representar hasta el 50% de una población.

En el contexto del debate actual en Catalunya, Alfred Bosch, en su libro I ara què? (2011) las denomina mayorías líquidas, porque son inciertas, fluctuantes, flexibles, poco ideologizadas. Si descontamos los partidarios del Estado propio (¿50%?) y los contrarios al mismo (¿un 30%?) tendremos una idea aproximada de su representación (sin descartar que algunos de ellos formen ya parte del 50% o del 30%). En primera instancia no son militantes de la causa soberanista (incluso pueden ser contrarios a ella) pero, en determinadas condiciones, podrían votar a su favor o bien no votar en su contra favoreciendo así el cambio. Es decir, podrían llegar a ser soberanistas pasivos, abstencionistas cómplices con el voto activo de los soberanistas. Es una mayoría que puede ser extensa, pero no intensa. Es, sin duda, en estos colectivos donde la propuesta de Estado propio se va a jugar su éxito o fracaso social. La clave, probablemente, estará aquí.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano

(Articulo publicado en el diario La Vanguardia, 15 de noviembre de 2012)

Related posts:

Liderazgo político, Liderazgo, valores y calidad humana | ,

Deja un comentario

El email no se publicará

*

*

*

You can use these tags and attributes HTMl: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

*