VII Jornada de reflexión y debate en Sant Benet (2): Transformados por la crisis

El 27 de septiembre, volveremos a reunirnos en el monasterio de Sant Benet con cerca de un centenar de líderes empresariales políticos y sociales para renovar juntos nuestro compromiso a favor de la mejora del ejercicio del liderazgo y de servicio al país. Aunque algunos crean lo contrario, el liderazgo no es como el legendario bálsamo de Fierabrás, una pócima curalotodo con la cual, como relata El Quijote, “no hay que tener temor a la muerte, ni pensar morir de ferida alguna“, ya que “con una sola gota se ahorrarán tiempo y medicinas“. Esta visión mágica del liderazgo puede ser hoy tan nefasta como las actitudes derrotistas o resignadas. El liderazgo –ejercido en todos los sectores y en todos los niveles–, si lo sabemos comprender, promover y ejercer, puede ser un proceso catalizador de nuestra energía creativa, incluso de aquella que desconocemos poseer. Pero no tiene un efecto milagroso que nos ahorre sacrificios, dedicación y empeño o que modifique, como por arte de magia, la realidad que nos ha tocado vivir.

Y nuestra realidad actual no es la de la “salida del túnel” o la de “brotes verdes” en el horizonte. Por vez primera en años, amplias capas medias de la población sienten en sus propias carnes las consecuencias del desempleo, la reducción del salario y el incremento de la desigualdad y de la inseguridad. Nuestras condiciones de vida han empeorado y nuestras perspectivas vitales (sueños, promesas, planes, ilusiones) se han visto frustradas. Emerge una nueva clase social, la del “precariado”, un amplio colectivo afectado por la precariedad en múltiples aspectos de su vida. Percibe esta precariedad en su empleo, en sus recursos, en su formación, en su vivienda, en su pensión, en su identidad profesional… (Conviene recordar aquella pancarta del 15-M: “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo.”) Y responde a las apelaciones de los líderes políticos con desconfianza, desafección, insatisfacción, malestar e indignación. Como declaraba Ivan Krastev, miembro del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, en febrero del 2010: “Somos testigos de un colapso de la confianza en las élites políticas y empresariales. La democracia ya no es una cuestión de confianza, sino más bien de gestión de la desconfianza.”

Monarch Butterfly – Chrysalis transformation (cc puuikibeach)

El primer deber de nuestros líderes hoy es, pues, intentar restaurar esta confianza con los ciudadanos. Y para ello hay que comenzar por explicar qué nos ha pasado, porque ya no resulta moralmente correcto seguir repitiendo la vieja frase de Ortega y Gasset en que afirmaba: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa.” ¿Puede ser eso todavía admisible hoy? ¿Nos podemos seguir columpiando en el “desnortamiento” y en la confusión? Una parte importantísima de la acción de liderar implica elaborar un diagnóstico ajustado de la realidad. Sin ese diagnóstico, algunos líderes corren el riesgo de sufrir visiones o alucinaciones –en lugar de tener una visión–, porque puede ser que aquello que propongan nada tenga que ver con lo que nos pasa. Cuando nuestros líderes niegan la realidad y su denominación (“no hay crisis”, “no habrá rescate”, “no habrá intervención”, “no necesitaremos ayuda”), e incluso la deforman o la alteran con cifras irreales sobre nuestra deuda, ¿cómo podremos creer en las propuestas que nos formulen, en su caso? El ejercicio creíble del liderazgo requiere, en la actualidad, emprender un conjunto importante de tareas que ya no admiten demora. Nuestros líderes tienen que hacerse cargo de la situación; tener claro el diagnóstico de lo que ha pasado, está pasando y pasará, y, desde ese escenario, evaluar nuestra solidez o nuestra debilidad estructural, nuestros límites y nuestras potencialidades, nuestra (in)solvencia y nuestras vulnerabilidades.

Hemos de atrevernos a reconocer nuestros propios errores (y no sólo los de los demás) y extraer enseñanzas de la crisis. Hemos de conocer, trabajar y conducir bien nuestras disposiciones emocionales y de ánimo: apatía, indignación, resignación, voluntad de superación y sacrificio, modestia y ponderación, etcétera. Conviene evitar los automatismos mentales del tipo “esto lo arreglamos entre todos”, “al final saldremos bien librados”, “otras veces lo hemos superado”, “Alemania o Europa no pueden permitirse un hundimiento”…

Hay que analizar y comprender la nueva etapa, asumiendo y explicando que “nada será igual”. Definir de nuevo nuestros propósitos y valores: colectivos, institucionales, corporativos, personales. Y hacerlo desde un sentido de urgencia y reacción que debe trasladarse a toda la sociedad. Habrá que acordar nuevos tipos de intervención y actitudes ajustadas al ámbito, la institución, la organización o la entidad en el que actuemos. Y, finalmente, tendremos que actuar, no quedarnos paralizados, ser capaces de tomar la iniciativa y adoptar decisiones.

La crisis, en definitiva, nos ha transformado. Hemos sido testigos de nuestros excesos y también de nuestras carencias y errores, y ahora hemos de decidir si queremos ser sujetos activos o pasivos de esta transformación. Pero, en toda crisis, hay también algo de destrucción creativa que, si se aprovecha bien, permite impulsar cambios y descubrir nuevas oportunidades. La esperanza no significa que todo vaya a salir bien, sino que con nuestro buen juicio y con nuestra contribución podremos volver a encontrar la buena vía. Eso es lo que vamos a dirimir en Món Sant Benet.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano

(Artículo publicado en La Vanguardia, 25 de septiembre de 2012)

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