¿Déficit de líderes o de seguidores?

«Imagínense un buque muy grande, incluso mayor que el más grande que tenemos hoy en día. Que puede transportar a miles de pasajeros. Lo tiene todo dispuesto para el lujo y para el confort. Cae la noche. En el salón principal, la gente se divierte. Todo resplandece bajo la suntuosa iluminación: la gran orquesta, las parejas bailando, las botellas descorchándose, el tintineo de las copas, las sonrisas y las carcajadas. No obstante, un humilde pasajero ha salido a cubierta y ha permanecido en ella largas horas solo, mirando al horizonte. De repente, ha descubierto un punto blanco en el horizonte. Él sabe lo que significa: el anuncio de una gran tormenta. El pobre pasajero no tiene ninguna autoridad en el buque. Pese a ello, va al salón y, entre el estruendo de la música y el alboroto, intenta informar al capitán de lo que ha visto y de lo, sin lugar a dudas, va a ocurrir. El capitán se ofrece, muy bien dispuesto, a subir enseguida al puente de mando. Pero ello no sucede y el pasajero acude de nuevo al salón a buscar al capitán, que ahora se muestra más esquivo, e incluso soez, y exige no ser molestado más. El pobre pasajero se resigna. ¿No es eso terrible? ¿Que el más humilde de los pasajeros sea quien conozca lo que le sucederá al gran buque dentro de pocas horas? ¿Que vea una mancha blanca, presagio de una terrible tormenta inminente que nos destruirá a todos…?» Esta cita del pensador Sören Kierkegaard (1813-1855) podría servir para enmarcar la tragedia que vivimos en nuestro país hasta aquel fatídico mes de mayo de 2010, cuando, finalmente, el presidente Zapatero se apercibió de lo que ya veían incluso los ciudadanos más humildes, cuando la tormenta ya la teníamos encima.

Le radeau de la Méduse (La balsa de la Medusa, Théodore Géricault)

Pilotar una embarcación en perfecto estado, con la mar calma y el viento favorable, es relativamente sencillo. Hacerlo en medio de una tormenta, teniendo que cambiar de estrategia y con la mitad de la tripulación en contra (PP) era bastante más difícil para Zapatero. Ahora, el nuevo capitán Rajoy ya se las sabe todas. Las olas son gigantescas, el barco sufre daños graves en el motor y varias brechas de agua y, mientras con una mano quiere afianzar el timón, con la otra debe hacer las reparaciones sobre la marcha. Aquellas mismas reparaciones que, cuando estaba en la oposición, torpedeó una y otra vez. La evolución de la tormenta es impredecible y, el rumbo del barco, incierto. ¿Y el pasaje? Cuánto más va, más inseguro se siente. Ciertamente, en Madrid no tienen espíritu marinero…

Según Jeffrey Immelt, consejero delegado de General Electric, en los años noventa (años de bonanza y de una relativa estabilidad económica en su país) cualquier persona podría haber dirigido General Electric y lo habría hecho bien. Porque, cuando una organización está bien engrasada, el consejero delegado es más un coordinador que un líder. Y, seguramente, algo parecido era aplicable a otros tipos de organizaciones y a sus dirigentes. El problema hoy, como todo el mundo sabe, es que no estamos ni en años de bonanza ni, todavía menos, en tiempos de estabilidad. Y, justamente, los tiempos de turbulencias no reclaman coordinadores, sino figuras potentes, líderes con coraje para enfrentarse a las acometidas y con capacidad para tomar decisiones.

En Catalunya, tenemos un presidente con vocación marinera. El lema de su timón, si no me equivoco, continua siendo este: “Cabeza fría, corazón caliente, puño firme, pies en el suelo.” Desde que asumió la presidencia, ha tenido el acierto y el valor de transmitir a la población la gravedad de la situación y, a pesar de la dureza de los recortes en aspectos tan sensibles del país como la educación y la sanidad, no le ha temblado la mano a la hora de hacerlo. Ahora mismo afronta, seguramente, el envite más importante y más incierto de toda su carrera política: la consecución del nuevo pacto fiscal. Él mismo ha reconocido que, si la vía del pacto falla, el Govern plantará cara a Madrid y Catalunya entrará en un terreno desconocido.

El déficit de liderazgo en los casos de Zapatero y Rajoy parece evidente. Pero el caso del president Mas pide un poco más de atención. “President, si alguna vez se siente solo, sepa que tiene un pueblo detrás suyo”, dijo el periodista Joaquim Maria Puyal cuando le otorgaron el premio al Catalán del Año 2011. En cambio, Joan Ramon Resina hablaba en este mismo diario del adelgazamiento del liderazgo de Mas: “No es cierto que el president tenga un pueblo detrás suyo: lo tiene delante, y la pregunta candente es si sabrá estar a la altura del pueblo.” Las palabras de Puyal y Resina, a pesar de la diferencia de enfoque, nos ayudan a comprender un poco mejor la problemática actual del liderazgo. Cuando decimos que Europa, España o Catalunya sufren una falta de liderazgo, ¿a qué nos referimos exactamente? Para que exista liderazgo, se han de dar simultáneamente tres elementos: líderes, visión y seguidores. La opinión general acostumbra a poner el dedo acusador sobre la ausencia de líderes, pero no acostumbra a evaluar con el mismo rigor si hay algún proyecto que defender y, sobre todo, si hay seguidores dispuestos a asumir también su cuota de responsabilidad. Dicho de otro modo, tenemos muy claro que debemos reclamar a nuestros dirigentes el deber de liderar, pero no tenemos tan claro que esto también deba corresponderse con el compromiso de asumir las consecuencias del deber del seguimiento. Puyal presupone que, si el presidente da un paso hacia adelante (para asumir una hacienda propia, por ejemplo), tendrá el pueblo detrás para apoyarle. Resina va más allá y dice que el pueblo ya va por delante de su líder, y que lo que este debe hacer es espabilarse. Sin querer contradecir a ambos maestros, creo que también deberíamos pensar en la hipótesis de que los seguidores, a la hora de la verdad, no sigan. O, en otras palabras, que quizás el problema que tenemos hoy con el liderazgo no es (solo) una cuestión de líderes, sino (también) un problema de seguimiento.

Àngel Castiñeira

(Artículo publicado en el diario ARA, 30 de junio de 2012)

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