Metáforas de la crisis

¿Bajo qué marcos mentales vamos transitando a lo largo de la crisis? La crisis nos está transformando en los aspectos más inmediatos y materiales: los ingresos, las prestaciones sociales, las oportunidades laborales, etc., pero la cuestión es si hemos cambiado nuestra forma de pensar o si todavía mantenemos las mismas preconcepciones de los tiempos de la abundancia. No conseguiremos incidir en la realidad si previamente no adaptamos nuestros esquemas mentales a una comprensión más ajustada de esta realidad. Quiero presentar dos ejemplos de esto que digo, con la intención de contribuir a modificar nuestra mirada.

1. Infierno, purgatorio y paraíso

El famoso poema de Dante Alighieri era una comedia, es decir, tenía un final feliz. El relato se iniciaba en el infierno, donde los condenados eran sometidos a castigos que se repetían eternamente. La visita de Dante continuaba por el purgatorio. En varios escalones, los pecadores redimían sus faltas. Había dolor, pero se les veía felices. La purificación de los pecados prometía la entrada al Edén. Al contrario que en el infierno, en el purgatorio las almas no eran castigadas para siempre, pero debían expiar una pena equivalente a los pecados cometidos en vida. Finalmente, la redención abría la puerta al paraíso, donde los redimidos se aplegaban juntamente con los que habían hecho el bien.

Dante Alighieri (Alessandro Botticelli)

El esquema optimista de la Divina Comedia está presente todavía en nuestras mentalidades. Estamos ahora –oímos decir– en un purgatorio, necesitamos expiar los excesos, practicar la austeridad, reducir el déficit, pero estamos convencidos de que las crisis económicas son pasajeras. El purgatorio es un tránsito, un pasillo estrecho y doloroso que nos conducirá nuevamente al paraíso. Y una vez al paraíso podremos volver a los excesos y al consumo alegre de los últimos quince años. Parece como si, en la mentalidad católica (¡cuidado!, no en la luterana), el sacramento de la reconciliación (corta penitencia y rápida absolución) invitara a la recaída.

Recordemos los supuestos de este relato. 1) Estamos en una comedia: el final seguro que termina bien. 2) Somos conscientes de haber pecado, pero tenemos un seguro de vida (celestial) basado en el arrepentimiento y la absolución exprés. 3) Por lo tanto, la expiación será dolorosa, pero transitoria y corta. 4) En consecuencia, volveremos a vivir en el paraíso, es decir, con crecimiento, bienestar y todo gratis.

2. Enfermedad, tratamiento y salud

La segunda metáfora no es sobrenatural, sino terrenal. No afecta a las almas, sino a los cuerpos. Repentinamente, hemos enfermado. La enfermedad es grave y epidémica, pero conocida, y, como la gripe, aparece cíclicamente. Tendremos fiebre, dolor de barriga y escalofríos. Algunos, hasta vómitos y diarreas. Y la afectación, a los más débiles, les puede llegar a provocar la muerte. La mayoría iremos al médico y le pediremos ayuda. El tratamiento será caro. Pasaremos unos días de baja y nos portaremos bien (dieta, reposo, ningún exceso). Perderemos peso y color, nos debilitaremos, reduciremos las defensas, pero poco a poco nos recuperaremos y, ya curados, pediremos el alta médica y volveremos a hacer vida normal.

Recordemos ahora los supuestos de este segundo relato. 1) Sabemos lo que nos pasa. Conocemos la enfermedad y su gravedad, los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento. 2) Confiamos en los médicos y en su forma de proceder. 3) Nos toca cuidarnos un poco, pero el factor sanador es externo: reside en el fármaco, que tiene un efecto milagroso. Mientras dormimos, él actúa por nosotros. 4) Por lo tanto, luego seguiremos con nuestro estilo de vida, porque el problema no éramos nosotros, sino combatir el virus y sus efectos.

Sugiero que los supuestos de ambas metáforas, hoy, pueden ser erróneos. Hace unos dos años, el presidente de una importante entidad financiera del país dijo en una conferencia pública que la salida de la crisis económica tendría la forma del logo de Nike. Habría, primero, una bajada pequeña y corta a los infiernos de la recesión y, después, un despegue espectacular hasta el cielo del nuevo crecimiento. Bien, hoy todos los indicios apuntan a un largo purgatorio. La Divina Comedia, que empezaba en el infierno y finalizaba en el paraíso, podría mutar a “humana tragedia”, pasando del paraíso hasta llegar al infierno, después de una larga estancia en el purgatorio. Y la paternal absolución católica podría transformarse en una rigorista condenación luterano-germánica. Lisa y llanamente, podría no haber redención.

El supuesto de la metáfora médica anterior todavía se ha hecho más añicos. La podríamos sustituir por esta otra. Hoy sufrimos un dolor intensísimo que nos tiene a todos paralizados. Vamos al médico sin saber qué nos pasa. La enfermedad es desconocida y obliga a los doctores a hacer pruebas y más pruebas. Esto agrava nuestra incertidumbre. No sabemos qué mal nos afecta, cómo evolucionará y cómo lo podremos tratar y, a medida que pasa el tiempo, aumenta nuestra desconfianza en los doctores. Finalmente, el equipo médico nos dice que estamos frente a una nueva patología de una gravedad máxima, quizá crónica, sin fármaco que la pueda atacar, lo que nos obliga, en el peor de los casos, a curas paliativas y, si quisiéramos curarnos, a modificar radicalmente nuestro estilo de vida, nuestros hábitos y nuestra dieta alimentaria. El problema, dice el médico, no es un virus, el problema somos nosotros. La pregunta final: ¿Estamos dispuestos a cambiar radicalmente de vida y de valores o, como los malos pacientes, iremos de médico en médico hasta encontrar uno que nos diga lo que queríamos oír?

Àngel Castiñeira (Artículo publicado en el diario ARA, 3 de junio de 2012)

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