Archivo del Junio, 2012

What’s Wrong with Transformational Leadership?

Aquí tenéis un artículo de Joseph S. Nye, distinguished service professor de la Harvard University, intitulado “What’s Wrong with Transformational Leadership?“. Se trata de un artículo sobre la noción de liderazgo transformacional y su aplicación en la política exterior de los Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush. Aquí tenéis las versiones en inglés y en castellano.

A big problem in foreign policy is the complexity of the context. We live in a world of diverse cultures, and we know very little about social engineering and how to “build nations.” When we cannot be sure how to improve the world, prudence becomes an important virtue, and grandiose visions can pose grave dangers.

Concepciones del liderazgo, Liderazgo político | , , , , , Deja un comentario Permalink

¿Son clientes, los alumnos?

Desde hace un cierto tiempo se insiste, cada vez más, en que los alumnos, especialmente en la universidad, deben ser considerados clientes. ¿Tiene sentido esta insistencia? ¿Deberíamos redefinir a las instituciones educativas como empresas proveedoras de servicios educativos?

El énfasis en el enfoque como cliente tiene su razón de ser. A veces, la enseñanza se ha centrado tanto en el profesor que ha hecho olvidar algo tan fundamental como que lo importante no es que alguien enseñe, sino que alguien aprenda. A veces se ha reducido el estudiante a un receptáculo de contenidos, hasta el punto que hemos olvidado que aprender es algo que involucra a la persona en su totalidad, y no solo algunos aspectos cognitivos. En definitiva, a veces se ha confundido el objeto de la educación con el sujeto de la educación, sin prestar atención a este último. De la misma manera que se dice -y se critica- que hay médicos que tratan con enfermedades y no con enfermos, se podría decir que hay docentes que tratan con contenidos y no con personas. Si a esto le añadimos que no todas las personas tienen el mismo estilo de aprendizaje, parece obvio que la exigencia de atender a la realidad de quien aprende es irrefutable. Y, cuando hablamos de adultos con experiencia profesional, es imprescindible un enfoque que los haga verdaderamente corresponsables de su aprendizaje. Algo muy distinto, por cierto, a creer que es de recibo exigir (en nombre del enfoque hacia el cliente) una relación casi servil por parte de los servicios de todo tipo que se requieren en el marco de un centro educativo… o a creer que el cliente tiene la última palabra (sobre el contenido curricular o sobre la propia identidad del centro, por ejemplo).

Nada que decir por nuestra parte a todo lo anterior…, excepto expresar nuestras dudas sobre si la mejor forma de plantearlo es introducir el lenguaje clientelar en la educación. A lo mejor sería suficiente si nos tomáramos en serio la pregunta de qué significa educar y de qué hablamos cuando hablamos de una persona educada. Porque hablar de clientes en educación arrastra inevitablemente la pregunta sobre el tipo de satisfacción que se les debe proporcionar. Y, a veces, educar consiste en generar una cierta insatisfacción: porque no se propicia ni facilita el dar por obvio lo que hasta el momento se ha dado por obvio; porque no siempre es fácil ni cómodo replantearse los propios supuestos y asunciones; porque para transformar las maneras de pensar, actuar o sentir, a veces se deben trabajar intensamente dimensiones que no tienen un impacto instrumental y útil inmediato; porque, a veces, para aprender hay que desaprender, y liberarse de patrones mentales o de comportamiento… o, simplemente, porque en algunos aspectos la satisfacción viene con la perspectiva que da el paso del tiempo. En definitiva: hay casos en los que la satisfacción del cliente no refleja otra cosa que el fracaso del proceso educativo. Si en el contexto educativo ser -supuestamente- un cliente tiene poco que ver con serlo en el contexto de unos grandes almacenes o de una agencia de viajes, entonces hay que reajustar todo el proceso, empezando por cómo se comercializan los programas y las expectativas que se generan, que a menudo son el primer acto (des)educativo en el que se involucran las instituciones.

A veces se critica que hay una distancia entre lo que ocurre y se dice en el aula y lo que ocurre y se dice en la vida real. Como si lo que sea que es la vida real fuera algo obvio y evidente, por cierto. Esta crítica parte del supuesto de que esa distancia no debería existir, cuando, a lo mejor, lo que ocurre es que, en un cierto sentido, no hay educación posible si no se da esta distancia. A lo mejor se trata de asumir y sostener que no hay educación posible si solo se reproduce y se transmite la cultura convencional dominante; si solo se trata de convertir en normativo lo que ha tenido éxito y ha funcionado hasta el momento. Educación no es solo reproducción y transmisión de lo establecido, sino también crítica y cuestionamiento de lo establecido. En algunos casos, la agenda de temas relevantes no coincide con la agenda de temas esperados, y entonces la responsabilidad de la educación es ciertamente explicar y razonar, pero no dimitir de la responsabilidad educativa, que incluye estar dispuesto también a cuestionar los objetivos y las preferencias con los que el cliente se aproxima al proceso educativo, y aquello que considera pertinente o prescindible.

En su día hizo fortuna la expresión de que necesitamos formar profesionales reflexivos; profesionales que no se limitaran a saber hacer -entre otras razones, porque, en una época de cambio, actuar correctamente no se reduce a repetir lo aprendido: no crearemos futuro repitiendo el pasado. Pero tal vez no hemos elaborado suficientemente lo que entendemos por profesional reflexivo. Es decir: sobre qué tiene que ser capaz de reflexionar un futuro profesional. Porque no solo ha de tener por objeto su actividad; ha de ser capaz, también, de trabajar sobre sí mismo y de comprender su contribución a la sociedad. Ha de ser capaz de elaborar el propósito de lo que hace y de asumirlo con un mínimo de autenticidad. Y este vínculo integrado entre persona, empresa y sociedad que debería catalizar la educación es lo que, en último término, configurará su perfil profesional.

Por si acaso, conviene no olvidar que quien en el contexto educativo solo haya sido tratado como cliente (por satisfecho que haya quedado) difícilmente en el futuro actuará y decidirá como persona.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano

(Artículo publicado en La Vanguardia, 22 de junio de 2012)

Liderazgo en el ámbito educativo | , , , , , , , , Deja un comentario Permalink

Innovar todavía es posible

Artículo publicado por autorización del autor

Aquí tenéis un artículo del profesor de ESADE Enric Segarra sobre empresa e innovación publicado recientemente en la Harvard-Deusto Business Review.

En innovación, no solo es el dinero lo que cuenta (aunque sí), sino que lo más importante es la capacidad de ver e imaginar lo que otros no ven.

Liderazgo empresarial | , , Deja un comentario Permalink

The follower problem

cc Russell Petcoff

Las reflexiones en torno a las competencias, las capacidades y los valores inherentes al líder no apuran la noción de liderazgo. La naturaleza del proyecto o de la visión y las características de la relación que se establece con los seguidores también forman parte, necesariamente, de una definición de liderazgo.

Aquí tenéis el enlace a un artículo de David Brooks sobre la problemática de los seguidores, publicado recientemente en The New York Times.

“To have good leaders you have to have good followers — able to recognize just authority, admire it, be grateful for it and emulate it.”

Dimensiones del liderazgo, Liderazgo político, Liderazgo, valores y calidad humana | , , , , , Deja un comentario Permalink